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Lunes , 25.03.2019 / 16:36 Hoy

Comunicar la política y algo más…

Política y Educación para siempre (Parte I)

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En el horizonte histórico de México, desde su formación como Estado Nacional hasta los albores de la Revolución de principios del siglo XX, la educación como política institucional no fue concebida para la población en general, no obstante, que existen intentos anteriores al movimiento revolucionario por reformar la enseñanza e implementar una política educativa a una mayor escala. El actual Estado Mexicano, como artificio articulador social que formalmente supone la idea de individuos libres, asociados “voluntariamente”, subordinados a organizaciones de derecho establecidas bajo la forma de una constitución votada universalmente, integrados y representados en partidos políticos para competir por el poder público, con organizaciones sociales activas y demás instituciones públicas y privadas, se empieza a configurar como paradigma durante la segunda mitad del siglo XIX, y sólo alcanza su consolidación con los gobiernos posrevolucionarios.

El Liberalismo constituyó, desde sus orígenes en el pensamiento de la Europa del siglo XVIII, un movimiento fundamentalmente “antiautoritario, antimonárquico y anticlerical”. El Liberalismo clásico reivindicaba la libertad en todos los campos de la acción humana: libertad de pensamiento, libertad de asociación, libertad de tránsito, libertad de comercio, libertad de expresión de las ideas, etcétera, en oposición al control ejercido por las monarquías absolutistas e instituciones eclesiásticas. En lo educativo, el Liberalismo significó el intento de articular la educación a los procesos sociales, haciendo de lado el abismo existente entre el trabajo, la política y la cultura, con el objetivo de hacer de la ciencia un instrumento de transformación en la vida social. Desde los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX, varios miembros de las élites sociales en México tuvieron acceso a las ideas de la Ilustración y el Liberalismo político y económico, el universalismo, el cientificismo y el concepto de democracia europeos, franceses principalmente. Uno de estos resultados fue la asunción del Liberalismo como visión de Estado y, por consecuencia, la base filosófico-antropológica para la formulación de políticas públicas.

A finales del siglo XIX e inicios del XX, bajo el aletargado gobierno de Díaz y su política de apertura económica, arriban al país compañías extranjeras, creando la imperiosa necesidad de adiestrar a los obreros “mano de obra- en el manejo y empleo de diversos y novedosos instrumentos para el trabajo. Es, entonces, que algunos sectores de la población en México tienen acceso a la educación formal, aunque con un objetivo bien definido: satisfacer la demanda de mano de obra calificada para el uso de la tecnología de las nuevas industrias. Durante los años de la crisis revolucionaria, la educación pasó a un segundo plano pues era la lucha por el poder la prioridad, no la educación. Por efecto de la promulgación de la Constitución de 1917, la educación adquirió un papel protagonista para el Estado. A partir de esta época es que se planteó la necesidad de impartirla gratuitamente en todo el país, sobre todo desde 1921, cuando se creó la Secretaría de Educación Pública.

HUGO ISRAEL LÓPEZ

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