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Lunes , 22.04.2019 / 20:17 Hoy

Ando moreleando

(S)elección nacional

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Tenemos la suerte, buena o mala, de que este verano coincidan una elección y un mundial de futbol. El estado de ánimo colectivo corre el riesgo de desbordarse; en cuestión de días, distintos segmentos de la población vivirán emociones contrastantes gracias a la tinta y al balón. Si bien, hay pocas probabilidades de que el país triunfe en ambas competencias, también hay pocas posibilidades de que el resultado electoral o futbolístico determine de manera fatalista nuestro futuro.


Resulta interesante realizar esta analogía entre las urnas y el campo de juego. Tanto la política como el futbol pueden convertirse en pasiones irracionales que nos inviten a sacar nuestros instintos más primarios. Los seguidores de un candidato o de un equipo pueden cegarse presa del fanatismo exacerbado y por ende, se corre el riesgo de que existan brotes de violencia física o simbólica.


En las casillas y en la cancha hay árbitros y en ocasiones se duda de su imparcialidad debido a escándalos de corrupción. Y es que ambos escenarios se encuentran estrechamente relacionados con intereses económicos. Es por esto que en las últimas décadas la política y el futbol no se han limitado a su carácter de fenómenos de masas, sino que también han mutado para convertirse en grandes industrias del espectáculo.


Si tomamos partida y sumamos todas las variables descritas en los párrafos anteriores, tendremos como resultado una bomba de argumentos y sentimientos que amenaza nuestra estabilidad interior y nuestras relaciones personales. Precisamente por esto me parece necesario considerar los siguientes puntos:


a) Nuestra vida volverá a la normalidad después de las primeras semanas de julio.


b) Las elecciones y los mundiales son fenómenos cortoplacistas y efímeros.


c) Ni los partidos ni los equipos son más valiosos que las personas.


A pesar de que exista tensión en el ambiente, el miedo suele contener cargas meramente irracionales. Al encontrar tantas similitudes entre los comportamientos electorales y futbolísticos, queda claro que los cambios son posibles si se realizan esfuerzos institucionales y colectivos de manera sostenida. Si queremos generar mejores resultados en cualquiera de estas actividades, tendremos que analizar nuestro rol, ser autocríticos y trabajar para que las cosas vuelvan a rodar de manera favorable. 



aldovaldes@gmail.com

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