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Viernes , 22.03.2019 / 13:26 Hoy

Vesperal

Cuatricentenarios luctuosos

Tomás de Híjar Ornelas

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La peculiar circunstancia de haber muerto con unas horas de diferencia, entre el 22 y el 23 de abril de 1616, tres humanistas de gran calado: Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, nos obliga a los lectores a hacer una mínima reflexión en torno a la palabra escrita y su impacto para la posteridad.

Miguel de Cervantes Saavedra fue soldado, burócrata, poeta y dramaturgo pero sobre todo novelista gracias a su Don Quijote de la Mancha, el libro más editado y traducido de la historia después de la Biblia, lo que le ganó a su autor el título de Príncipe de los Ingenios. En el ámbito anglosajón se considera a William Shakespeare el rango de máxima autoridad en la literatura universal, arguyendo que nadie como él ha usado tantos recursos lingüísticos como para haber tocado de modo pleno los límites del lenguaje. Shakespeare murió el 23 de abril del calendario juliano, que corresponde al 3 de mayo del gregoriano, adoptado por Inglaterra hasta 1752.

Por su parte, Gómez Suárez de Figueroa, mejor conocido como Inca Garcilaso de la Vega, es, en palabras del escritor peruano Luis Alberto Sánchez Sánchez el "primer mestizo de personalidad y ascendencia universales que parió América", lo cual le granjea el rango de Príncipe de los escritores del Nuevo Mundo, pues habiendo sido hijo del peninsular Sebastián Garcilaso de la Vega, sobrino del gran humanista del Renacimiento, Garcilaso de ese apellido, era por su madre, Isabel ChimpuOcllo, bisnieto del Inca Túpac Yupanqui.

Más allá de estos alegatos nacionalistas, ha de quedarnos claro que estos tres varones fueron hijos de una época, la del humanismo renacentista, que dio a las letras un rango que no han vuelto a tener y menos en estos tiempos que corren, donde la hondura y la profundidad del pensamiento se reduce a lo más a charcos lodosos.

En México hay una librería por cada 200 mil habitantes, pero sólo en las grandes ciudades. En las poblaciones medias y pequeñas ninguna. Entre el 2005 y el 2013 el índice de lectores bajó en un diez por ciento. Según la UNESCO, de las 108 naciones en el mundo que mantienen cierta solvencia en diversos ámbitos, México ocupa el penúltimo lugar en el índice de lectura: 2.8 libros al año, descontando que quienes sí leen lo hacen nada más para cumplir con tareas escolares, laborales o profesionales; muy pocos lo hacen por placer y entre estos el rango de comprensión suele escaso. En Jalisco ni siquiera existe una Ley Estatal para el Fomento de la Lectura y el Libro como si la hay en Colima (2006), Michoacán (2008), Durango (2009), Nayarit (2010) y Aguascalientes (2013).

A los facilitadores de la lectura involucrados en la cadena del libro en México,este cuatricentenario luctuoso los pone ante el gran reto de estimular a muchos a leer y gozar de Don Quijote de la Mancha, saber de la existencia de los Comentarios Reales de los Incas y a asimilar el intenso contenido de las obras de Shakespeare.

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