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Viernes , 19.04.2019 / 04:14 Hoy

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Zapata, su uso político

Tomás Cano Montúfar

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Ayer se cumplieron 100 años del asesinato de Emiliano Zapata en Chinameca, Morelos. Fue en una emboscada urdida por generales del Ejército que servían entonces al gobierno de Venustiano Carranza. Uno de los capítulos más desvergonzados de la Revolución Mexicana.

Zapata fue un radical e intransigente con su causa agraria. Por esa razón y en medio de una revolución sin rumbo, se enfrentó al gobierno sin importar quien estuviese al frente.

Un siglo después, una estampa que revela de alguna forma la personalidad de este caudillo, es el sitio en donde se encuentra sepultado. A diferencia de los revolucionarios de renombre --Madero, Carranza, Villa, Calles y Cárdenas—que están sepultados en el Monumento a la Revolución, los restos de Emiliano Zapata están en el panteón de Cuautla en una tumba digna pero lejos de un mausoleo.

Zapata también es un mito. Fue, efectivamente un defensor de la tierra y leal a su principio, pero la doctrina oficial de la Revolución de la que es impulsor Cárdenas, colocó a Zapata como un símbolo de una reivindicación que nunca llegó a los campesinos de México. De tal suerte que aún 100 años después cualquier líder de cualquier tamaño se dice recibir inspiración de Emiliano.

Aún en la última década del siglo pasado figuras tan disímbolas y enfrentadas como Carlos Salinas de Gortari y Sebastián Guillen “Subcomandante Marcos” se hicieron llamar zapatistas e iluminados por su causa. Salinas nombró a uno de sus hijos Emiliano y ya como Presidente construyó sobre los adobes de la casa original de Zapata en Anenecuilco el mausoleo que le debía la patria y mientras el subcomandante Marcos hizo estallar una guerrilla en Chiapas a nombre también de Emiliano en contra de Salinas.

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