La visita de Kim Kardashian, Sarah Paulson, Naomi Watts y Niecy Nash a Ciudad de México para promover la segunda temporada de Todo vale (All’s Fair) se sumó al caos tan particular de esta urbe que por primera vez estoy impaciente —incluso interesada— por ver un capítulo del reality de las Kardashian.
Porque una cosa es la serie de Ryan Murphy, en la que son flamantes y excéntricas abogadas de divorcio, y otra es “la realidad” que Kim y su familia nos sirven desde hace años en un formato que ayudaron a convertir en fenómeno global. Nos guste o no, son modelo a seguir para industrias como la moda, el influencerismo y el control absoluto de la imagen para hacer negocios.
No solemos creer —y con razón— los excesos que nos cuentan esos shows. Pero esta vez pareciera que las Kardashian se pusieron de acuerdo con CdMx para convertir el caos en televisión.
Las cámaras de las Kardashian (cosa aparte de Todo vale) estuvieron presentes en todo momento. El primer evento fue en un espacio hermoso al aire libre, en la colonia Juárez, donde Tláloc apareció con furia. Los paraguas, que no alcanzaban para nada, chocaban contra influencers, reporteros y hasta la persona cuya única chamba es iluminar de manera portátil y perfecta a Kim.
Y en esas estábamos cuando el trueno más fuerte que hemos escuchado en años retumbó mientras un relámpago iluminaba todo. Aun así continuó el show. Mis respetos ante el caos.
Al día siguiente, las entrevistas competían con la Fórmula 1 y los gritos de Clara Brugada desde Reforma presentando a Checo Pérez. Llegar fue un milagro. Ver las cámaras de las Kardashian captándolo todo no tuvo precio.
Quienes lo vean en el reality pensarán que fue exagerado, pero fuimos testigos de que cuando el caos viene con K de Kardashian, ella es la única que sabe salir impecable de todo ello —y aprovecharlo mejor que nadie— en la pantalla.