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Lunes , 20.05.2019 / 23:53 Hoy

Estado fallido

Redefiniendo el desfile gay

Susana Moscatel

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Este año muchos heterosexuales vamos a aparecernos en el desfile del orgullo gay por primera vez. Es un año importante para hacerlo, y no solo para demostrar solidaridad con nuestros amigos y familiares de la comunidad por las agresiones mortales que han sufrido en diversos lugares. Muchos estaremos presentes con el deseo de que termine tanto odio por donde sea que volteemos. Tanto miedo a lo diferente. Tanta crueldad humana irónicamente atribuida a Dios. Estaremos ahí, porque ya es hora de que dejemos de tener miedo a cualquier cosa que no se parezca a nosotros. O peor aún, tenerle miedo a todo aquello que podría parecerse a nosotros.

Comprendo la razón por la que muchos, aunque vean con naturalidad todo tipo de expresión del ser humano, no se han querido parar por ahí antes. Puede ser una experiencia muy extrema en términos histriónicos e incluso en lo que se refiere a manifestaciones sexuales. Entiendo perfectamente el punto que muchos enfatizan respecto a que no tienen por qué estar viendo cómo extraños, sea cual sea su inclinación, dan muestras de su sexualidad en la calle. Y sí, por supuesto que eso ocurre en algunos casos. Pero el evento, este año en particular, trata de tanto más que eso.

Yo estaré ahí por algunos de mis mejores amigos que son padres y madres, que resulta que tienen parejas del mismo sexo y que tienen que seguir luchando por sus derechos que ya son ley. Y ellos estarán ahí con sus familias, en un ambiente tan amoroso que ya quisiéramos todos cualquier domingo. Estaré por ellos que tienen que seguir escuchando la más profunda de las estupideces constantemente repetida: que por el hecho de ser gay uno es pederasta. Estaré ahí, porque no podemos pretender vivir en un mundo justo mientras otorgamos derechos específicos por sector. Y estaré ahí, porque sé que lo normal no existe. Así que quiero unirme a miles de personas, todas diferentes, para quitarle el poder a aquellos que usan esa palabra para quedarse con los privilegios y lastimar al prójimo. Y no se equivoquen, el prójimo no solo es la comunidad LGBT. Puede ser cualquiera de nosotros y de nuestros seres amados. En cualquier momento.

¿En serio?

¿Ya pasamos del término heteroflexible a sexualmente fluido?

¡Que alguien me explique!

¿Cómo es que Led Zeppelin libra una demanda por plagio en junio de 2016 por una "Stairway to Heaven" publicada en 1971?

susana.moscatel@milenio.com

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