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Sábado , 20.04.2019 / 00:07 Hoy

Estado fallido

La otra princesa Leia

Susana Moscatel

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Mi generación la conoció como la princesa Leah, pero considerando que tenía cerca a Arturito creo que la Disneyificación de su nombre (todos iguales en todo el mundo) no fue tan grave. Vaya, en España hubiese tenido que convivir con Lucas Trotacielos, así que creo que en ese sentido triunfamos.

Carrie Fisher, a pesar de lo repentino de su muerte, vivió más vidas que cualquier anciano aventurero. Fue el primer amor de millones de hombres. La primera fantasía sexual también, pero a la vez consiguió hacer eso generando una brutal empatía con las mujeres. No sé ustedes, pero yo sentía que podría haber sido hasta mi mejor amiga si nuestras galaxias hubieran empatado.

Claro, fue rescatada, pero también rescató. En ese sentido las princesas reales e imaginarias del futuro le deben una gran deuda. No era la indefensa damisela. Era mujer. Fuerte. Y con los años y las evoluciones de la historia, casa vez más.

Por otro lado, y en temas de profunda frivolidad folicular, hay que admitir que ella fue probablemente la única mujer del mundo entero capaz de sostener ese peinado no solo con dignidad, sino hasta con allure. Nadie que la haya tratado de imitar desde entonces logro más que parecer que acababa de asaltar la sección de rollitos de canela de su panadería de confianza.

Pero bueno. Carrie Fisher no fue jamás un modelito de pulcritud y perfección en su vida real y privada. De hecho, le fue como al mismísimo diablo con el alcohol, las drogas y los hombres. Las expectativas de ser hija de la realeza de Hollywood, encarnada por Debbie Reynolds y Eddie Fisher, la dejó más dañada que a Lindsay Lohan cruzada con Justin Bieber.

Pero, ¿saben qué la salvó? Un salvaje y divertidísimo sentido del humor no solo sobre sus problemas y tragedias sino sobre las expectativas que el mundo tenía de ella. No se escondió en casa. Dejo que el póster de la Leia sexy se quedará en la mente de tantos, mientras que ella creaba un personaje aún más fantástico para muchos de nosotros: una sobreviviente de la realidad. Y una escritora despiadada. Consigo misma, con la gente en su vida y con las ridículas peticiones de “no te atrevas a envejecer o a subir de peso” que la sociedad siempre le propinó.

Fue víctima de sus propios errores, pero al final no lo fue de lo que los demás esperaban de ella. Y habló, rió, fue indiscreta, escribió y vivió intensamente cada momento de esos 60 años que le tocaron en esta tierra. Deja mucho. La veremos en el cine este 2017 de regreso. Leeremos su nuevo libro. Y sabremos que siempre hay alguien que está lista para recordarnos que somos mucho más que el momento más idealizado de nuestra vida. Me aviento el cliché, porque es perfecto: la fuerza estuvo con ella.

¿En serio?

¿Tenían que poner al perrito de Carrie Fisher despidiéndose todo triste de ella en Twitter? ¿No es lo suficientemente triste todo este maldito episodio?

Twitter: @SusanaMoscatel

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