Aunque no lo parezca, las cosas han cambiado. Hace 12 años, Ellen DeGeneres no solo era querida y exitosa en Hollywood: también condujo el Oscar e hizo esa selfie viral donde Bradley Cooper, Jennifer Lawrence y Meryl Streep quedaron inmortalizados en lo que hoy, sin duda, parece una imagen de otros tiempos.
Pandemia, Oscar’s So White, #MeToo… son sólo algunas de las cosas que cambiaron para siempre la manera en que entendemos la vida a través del showbiz.
No creo que en ese momento supieran que estaban dando el banderazo a un camino vertiginoso que hoy nos tiene viviendo el entretenimiento en línea: imágenes simples que capturan el momento más que cualquier discurso. Pero así fue.
La Academia sí se puso a trabajar en temas de diversidad y hoy llegamos al punto en el que —como dijo Denzel Washington— no debería ser noticia que un afroamericano gane la estatuilla. También estamos en un momento en el que los hombres poderosos saben que deben comportarse frente a las mujeres; al menos en esa industria. No son temas resueltos, pero ya no se pierden entre el silencio y la política de Hollywood.
¿Qué sigue? No parece que la industria —y mucho menos su ceremonia— pueda resolver las guerras que atraviesan al mundo. Tampoco que la respuesta esté en discursos de menos de 30 segundos.
Pero sí puede estar, dentro de lo posible, en las historias que se celebran en el Oscar: la voz de las mujeres, la paternidad extraviada, el racismo y la resistenciav frente a él.
Y aunque el mayor recuerdo de la noche pueda ser el meme involuntario de Leonardo DiCaprio, vale la pena decir que, con todo y sus excesos, algo hemos avanzado en esta industria. ¿O no?