“Podríamos preguntarnos de hecho debemos preguntarnos, cuando el mundo está en estado de emergencia, ¿cómo podemos estar aquí hablando de cine cuando para tantas personas hoy sólo existe una pregunta: ‘¿Cuándo me va a caer una bomba?’”. Maggie Gyllenhaal, presidenta del jurado del Festival de Venecia, lanzó la pregunta en la apertura, verbalizando lo que tantos se preguntan alrededor de estos foros.
Su respuesta me encantó porque habla sobre la experiencia humana y lo que podemos llevarnos del arte: empatía. Así de simple, la capacidad de ponernos en el lugar de aquellos que por azares geográficos, conflictos centenarios o simple confrontación por la supervivencia, viven realidades distintas a las nuestras.
El festival viene con cintas extraordinarias para generar reflexión y comprensión del mundo. Martin McDonagh (In Bruges, Three Billboards) llega con Wild Horse Nine que planta la acción en Chile antes del golpe de Estado de 1973. Esa no es la historia, es el momento y trasfondo; me parece que es una mejor manera de hablar del presente.
Elon Musk, la guerra en Gaza, la política migratoria estadunidense y la propaganda soviética serán temas de la muestra. Ahora nos toca a todos entender que el arte no necesariamente tiene que responder a nuestras filias políticas, y que el cine está aquí para presentarnos historias desde todas las perspectivas. Ahí debe radicar la política en los festivales de cine. No en la exclusión de nadie, la indignación previa ni el escándalo clickbaitero. Sino en entender que estas historias nacen de la experiencia humana y tratar de quedarnos con eso que Maggie tan bien presentó: la empatía.