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Domingo , 17.02.2019 / 22:45 Hoy

Último Round

El dilema de los intelectuales con el fut

Sergio Gómez

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Me encanta decir que soy ciudadano del mundo pero cuando Oribe Peralta está en la cancha, soy lagunero. Mi mundo se hace pequeñito. Es una de las ventajas de tener patria chica y mediana y grande y extra grande.Contrario al difunto Facundo Cabral, ese que cantaba “no soy de aquí ni soy de allá” yo soy de todos lados. De aquí y de allá aunque no siempre, pues. Les digo que cuando El Hermoso tiene el balón en los pies, soy de la Comarca Lagunera y nada más. Abuelita de Blue Panther.Es efecto del futbol. Ya sé, ya sé. Impulsado por una de las mafias más poderosas del planeta, la FIFA. Ya sé. Alimentado por los dueños de las fuerzas de producción y sus voceros, los medios de comunicación, que han remplazado a la religión por el deporte como el opio de los pueblos. Ya sé. Con la complicidad de gobiernos que utilizan la Copa del Mundo para desplegar una cortina de humo y saquear al país. Ya sé.Por eso me cuesta conciliar los argumentos que el cerebro ofrece con la danza salvaje del corazón cuando El Cepillo le ensarta un gol a los cameruneses. Se supone que yo era intelectual y los intelectuales no estamos para andar festejando goles.El problema con las etiquetas es que cuesta despegarlas. Durante años, traté de entender a Ricardo, una de las personas más inteligentes que conozco. Nos explicaba Química, Física, Matemáticas y Español. Estuvo a unas centésimas de ser el promedio más alto de su universidad en la carrera de Medicina. El contraste es que Ricardo es aficionado del Atlas.Lo mismo pasa con Pepelupe, el crítico más criticón que conozco: activista político, opositor, aficionado del Cruz Azul. También está Mauricio, con quien tengo una de las mayores afinidades cinematográficas, teológicas y políticas. Me costaba entender cómo es que dejaba todos sus ahorros en el antiguo estadio Corona.Los comprendí el día que observé, como Dios sugiere, un partido de futbol. Decidí mentar madres, manotear, gritar indicaciones a la pantalla, festejar y me di cuenta que estaba vivo. No era necesario mandar al carajo una relación amorosa para que algo se rompiera en el pecho. Tampoco tenía que defender a un amigo para que emergieran los gritos desde el alma. Basta un partido como el de México contra Brasil.Los intelectuales, dice Bill Cosby, son los que analizan cosas que otros hacen por inercia.Analizando el asunto, voy a ver el partido del Tri contra Croacia, mentar madres, manotear, gritar indicaciones a la pantalla. Voy a vivir, a festejar los goles de Oribe.


Sergio Gómez/@sergomezv/sergio.gomez@milenio.com

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