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Jueves , 25.04.2019 / 21:03 Hoy

Columna de Sara S. Pozos Bravo

Ratzinger y los abusos sexuales

Sara S. Pozos Bravo

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A principios de 2013 el Vaticano no sabía qué hacer con Ratzinger, el papa en turno. La promoción para dejarlo sin funciones causó un serio problema al interior de la curia romana. Entonces optaron por llamarlo “Papa emérito”, lo que significaba que seguía siendo papa pero no tenía las funciones en su persona.

Tras años de silencio pero no de trabajo, Benedicto XVI escribe ahora un documento de 18 páginas en el que sitúa el origen de la pederastia en la Iglesia Católica en mayo de 1968. El trabajo se divide en tres partes: 1) antecedentes y contextualización del problema; 2) efectos y consecuencias de la pederastia en la formación sacerdotal; y 3) ideas sobre cómo la jerarquía católica podría abordar el problema.

En primer lugar, los antecedentes o causas de este problema los sitúa en la llamada “revolución sexual” en Alemania y toda Europa lo que provocó, según Ratzinger, un colapso sexual.

“La voluntad de usar la violencia, que caracterizó a esos años, está fuertemente relacionado con este colapso mental. De hecho, las cintas sexuales ya no se permitían en los aviones porque podían generar violencia en la pequeña comunidad de pasajeros”. Esta revolución también causó problemas con la vestimenta y, según el papa emérito, eso provocaba que no se aprendiera de manera adecuada. “Y dado que los excesos en la vestimenta también provocaban agresiones, los directores de los colegios hicieron varios intentos para introducir una vestimenta escolar que facilitara el aprendizaje”.

Para Ratzinger, no solo la revolución sexual sentó las bases para la pederastia en la Iglesia Católica, sino que la “… teología moral sufrió un colapso que dejó a la Iglesia indefensa ante estos cambios en la sociedad”. Tras hacer un análisis del debate al interior del catolicismo teniendo como contexto el concilio Vaticano II, Ratzinger asegura: “La crisis de la justificación y la presentación de la moralidad católica llegaron a proporciones dramáticas al final de la década de 1980 y en la de 1990.

El 5 de enero de 1989 se publicó la “Declaración de Colonia”, firmada por 15 profesores católicos de teología. Se centró en varios puntos de la crisis en la relación entre el magisterio episcopal y la tarea de la teología. (Las reacciones a) este texto, que al principio no fue más allá del nivel usual de protestas, creció muy rápidamente y se convirtió en un grito contra el magisterio de la Iglesia y reunió, clara y visiblemente, el potencial de protesta global contra los esperados textos doctrinales de Juan Pablo II.

Ratzinger continúa abordando el punto dos siguiendo la discusión posterior entre el clero cercano a Juan Pablo II y aquel grupo que publicó la Declaración de Colonia.

Las consecuencias de estas discusiones fueron muchas pero las mismas las analizaremos en la siguiente entrega, teniendo como marco el problema central de la pederastia sacerdotal en la Iglesia Católica.

www.sarapozos.mx

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