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Sábado , 20.04.2019 / 19:28 Hoy

Columna de Sara S. Pozos Bravo

Moral, legalidad y laicidad

Sara S. Pozos Bravo

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El 30 de abril se vence el plazo para participar en la elaboración de la Constitución Moral que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) quiere para resolver los problemas del país. En el sitio www.gob.mx/constitucionmoral/ se puede leer que la elaboración de este documento es la piedra angular de la transformación que ha promovido AMLO. “… transformar la vida pública requiere de un cambio en las condiciones materiales del pueblo y también una transformación ética y espiritual”. La Constitución Moral será “… una guía de valores que se convertirá en un pacto colectivo para comenzar una nueva etapa, adoptar nuevas prácticas, rescatar valores entrañables de nuestro pueblo y estimular mejores patrones de conducta”. Este documento que –se asegura- no será obligatorio, constituye pura demagogia al no ser ni vinculante ni obligatorio para nadie; además, es una pérdida de tiempo porque el mismo no resolverá los problemas que tenemos.

Ahora bien, la falta de cumplimiento de la Ley en todos sus niveles por parte del Estado, la manipulación de la legislación y la omisión han destrozado el Estado de Derecho en nuestro país. Con ello, la impunidad se convirtió en el mal ejemplo a seguir y replicar. En el país del “no pasa nada”, muchos de nosotros –incluidos los ciudadanos de a pie- buscamos la forma de sacar provecho aunque esto sea considerado un acto de corrupción. El caso de los más de 90 mil niños inscritos en las Estancias Infantiles es una muestra de que no solo el gobierno y los políticos hacen de las suyas, sino muchos mexicanos actúan como lo que más critican, justificándose a si mismo. En un país en el que 2 delitos de cada mil se castigan, la tentación de corromperse es altísima.

Así que entre la Constitución Moral que AMLO quiere y el cumplimiento de la Ley, los mexicanos tenemos que discutir una serie de principios indispensables para nuestra coexistencia pacífica. No estamos a favor de una Constitución Moral porque no servirá de nada y, al mismo tiempo, exigimos que se cumpla la Constitución y todo el marco legal existente, porque la mayoría de las veces ni siquiera se ha intentado cumplir.

Tal es el caso de la laicidad como principio normativo que garantiza la separación del Estado y las Iglesias en nuestro país, con la exigencia legal que conllevan una serie de condicionantes en la participación de las Iglesias en muchos temas. Tales condicionantes existen para garantizar un par de principios universales que son el eje central de todo Estado democrático moderno: el principio de igualdad jurídica y el de no discriminación. Sin estos principios, los derechos humanos y todo el sistema jurídico internacional no tendrían razón de ser.

En lugar de perder el tiempo con la elaboración de un documento que no servirá de mucho, deberíamos invertir nuestros esfuerzos en cumplir la Constitución y toda la legislación existente.

www.sarapozos.mx

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