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Lunes , 18.03.2019 / 22:23 Hoy

Columna de Sara S. Pozos Bravo

La inexplicable felicidad en La Luz del Mundo

Sara S. Pozos Bravo

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¿Por qué lloran cuando ven al apóstol de Jesucristo?, ¿por qué cuando están en sus oraciones y ceremonias religiosas?, ¿por qué visten de largo?, ¿y por qué no toman o no fuman?, ¿o por qué van a Guadalajara todos los años en agosto?, ¿y por qué son tan diferentes al resto de la sociedad? De una y mil maneras, cientos de personas se han preguntado estas cosas respecto de los creyentes de La Luz del Mundo. Quizá la respuesta recibida no satisfizo la inquietud o quizá se quedaron con la interrogante. Quizá la respuesta llenó su curiosidad y sació su razón o quizá les provocó burla o indiferencia. En todo caso, en la medida que la Iglesia La Luz del Mundo –ahora bajo la administración del apóstol de Jesucristo, hermano Naasón Joaquín- vaya creciendo, su impacto mediático será mayor y, con ello, las interrogantes llegarán a quienes lean, vean o escuchen las noticias.

La doctrina (conjuntos de normas y preceptos normativos) que Cristo predicó hace más de dos mil años, continúa vigente bajo la doctrina apostólica que predica La Luz del Mundo. Esta vigencia únicamente es posible porque el plan de Dios, establecido y diseñado otrora, determinó un tiempo, un espacio y un instrumento que permitiera la ejecución de ese plan. La Luz del Mundo cree que ese tiempo de gracia y dispensación inició el 6 de abril de 1926 y continúa vigente porque el 14 de diciembre de 2014, Dios manifestó en la Iglesia que su elegido sería el apóstol de Jesucristo, hermano Naasón Joaquín. Entonces, al conjuntarse el tiempo y el espacio con el instrumento escogido por Dios, la oportunidad de alcanzar una vida después de la muerte –llamada esperanza de resurrección y vida eterna en la doctrina- le da al creyente una razón de vida que lo llena, que lo nutre, que lo hace feliz. Esa felicidad, tal y como lo acaba de explicar el apóstol de Jesucristo, hermano Naasón Joaquín el pasado día 14 en la Ciudad de México, tiene su origen en Dios y, por lo tanto, también es eterna.

Así, cuando el cristiano, el creyente de La Luz del Mundo, habiendo razonado sus argumentos, entiende que es parte de un plan divino y que tiene acceso al mismo por la presencia de un hombre que garantiza la trascendencia del hombre por la sujeción a ese cuerpo normativo establecido por Jesucristo hace más de dos mil años, su felicidad es completa. Y entonces, solo puede agradecer a Dios, en emoción y en lágrimas, en oración y ruego, en súplica y en fe, que prolongue esa felicidad en la vida y salud del hombre que garantiza esa oportunidad de vida eterna. Por esta razón el coloquialmente llamado hermano, llora cuando ve al apóstol de Jesucristo.

¿Lo anterior los hace diferentes? Puede que sí pero tampoco les preocupa serlo. La diferencia ni los hace menos ni más que el resto de los seres humanos. En todo caso, también eso los hace feliz porque se saben distinguidos de forma particular en el plan de Dios en el que, por alguna razón, fueron incluidos sin saberlo o sin pedirlo. Y desde entonces, su vida está llena de una inexplicable felicidad, a veces cuestionada y muchas más mal entendida.

www.sarapozos.mx

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