“Como que ya todo el mundo tiene déficit de atención o autismo, ¿no?” es una frase que he escuchado seguido en consulta con pacientes, o al hablar de neurodivergencias con personas que no trabajan en el rubro de la salud mental.
Es verdad que el diagnóstico del TDA ha aumentado drásticamente en los últimos 10 años, y esto se ha dado gracias a una mejor comprensión del padecimiento.
Mucho tiempo se mantuvo el estereotipo del niño varón incapaz de concentrarse en el salón de clases, pero ahora hemos ampliado la sintomatología para incluir variables como el género –ya que las neurodivergencias se manifiestan diferente en hombres y en mujeres, en gran parte por motivos culturales– y la edad, pues se ha desmentido el mito de que el TDA “se quita” al alcanzar la adultez.
La realidad es que vamos desarrollando sistemas y herramientas que nos permiten ser más funcionales en rubros personales y profesionales, pero esto no equivale a una cura.
También es verdad que la adicción a las pantallas genera sensaciones y síntomas sumamente similares al déficit de atención, sin embargo (y no puedo hacer suficiente énfasis en esta parte) esto no significa que todo el TDA sea adicción a las pantallas, ni que las pantallas provoquen TDA, ni ninguna de las asunciones polarizantes a las que estamos acostumbrados a llegar cuando hablamos de salud mental. Podemos tener síntomas parecidos y orígenes diferentes.
Al hablar de cualquier diagnóstico psicológico, debemos recordar que es un proceso complejo, nutrido de pruebas psicométricas, entrevistas y un equipo multidisciplinario de mínimo un terapeuta y un psiquiatra.
Vivir en la era de la información instantánea nos ha hecho creer que Google (o peor, Chat GPT) pueden sustituir el ojo clínico de profesionales con años de experiencia y actualizaciones.
En la Ibero Torreón, desde la Maestría en Terapia Familiar, nos interesa formar profesionales que cuenten con esta perspectiva amplia, humanista e integral de la salud mental, y que entiendan que el diagnóstico es sólo un elemento de la consulta, no una etiqueta que limite la vida del paciente.
Salma.hernandez@iberotorreon.mx