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Viernes , 15.02.2019 / 22:34 Hoy

Apuntes

Periodismo y poder

Rubén Alonso

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Por naturaleza, el ejercicio periodístico y el poder no se llevan bien por una sencilla razón: el primero observa al segundo. Así nació el periodismo, está en su ADN, es consubstancial a su razón de ser.

De manera simultánea, en esta relación, tanto uno como el otro, no hay que ser ingenuos, tienden a domesticarse, cada uno desde sus trincheras, sobre todo cuando uno de ellos, o los dos, no tienen o pierden rumbo con base en su identidad, su vocación. Su relación es de poder (asimétrica). Tan ha sido asumida así, que al periodismo se le ha llamado el “cuarto poder”, y ahora, en el XXI, se considera un “quinto poder” (económico sobre el Estado).

El terreno de lucha entre periodismo y poder es la comunicación con el insumo primario en disputa, la información. La producción, distribución y consumo de información, con las tecnologías de la información y comunicación (TIC), ha provocado “crisis” (En su sentido originario. Ver: http://bit.ly/2HNdnCI), y ya no es monopolio de ninguno; incluso, este proceso en que se desarrolla la comunicación está fuera del poder y el periodismo; ahora se hacen más dependientes de un mercado que jerarquiza, privilegia, edita, induce a lecturas de la realidad (avanzando a la dependencia de algoritmos que determinan qué leer, ver, cuándo, cómo, dónde).

Aun así, el ejercicio profesional del periodismo y del poder son imprescindibles y se necesitan, cada uno desde sus trincheras en medio de un campo común; el poder público único, de una sola voz, aislado, se corrompe a si mismo sin la mirada y palabra acuciosa sobre aquello que no pueden o no quieren ver; y lo mismo ocurre con un periodismo cuando la observación es superficial, simplista, e incluso tan soberbia como quien detenta y ejerce el poder. Como en todo, la tentación del maniqueísmo está a la vuelta de la esquina: los buenos aquí, los malos allá; el lado oscuro allá, la luz y libertad acá; los corruptos de ese lado, los limpios y puros, de este; los comprados, los vendidos, los sometidos…

¿Qué salva al periodismo, como observador de lo público? Algo muy simple, pero a la vez complejo y exigente: la humildad que propicia servir a la vocación de la profesión de quien busca mostrar y compartir la verdad; y no porque la tiene o posee como propio, se sirve a ella. El periodismo tiene su fuerza en el humilde servicio de informar y revelar (lo que otros quieren ocultar) en condiciones de libertad, con lo que pone al poder público frente a la realidad con un sencillo fin: el bien de la comunidad.


Twitter: @jrubenalonsog





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