• Regístrate
Estás leyendo: ¿Tan catastrófica es una horita?
Comparte esta noticia
Lunes , 22.04.2019 / 23:32 Hoy

Política Irremediable

¿Tan catastrófica es una horita?

Román Revueltas Retes

Escuchar audio
Publicidad
Publicidad

Cada vez que se ajusta el horario al cambiar las estaciones del año se escuchan voces que alertan sobre los presuntos daños que esta modificación provoca en las personas. No encuentro ya el artículo aparecido hace unos días en las páginas de este diario pero la lista de perjuicios abarcaba toda suerte de males, desde infartos hasta accidentes laborales, pasando por otras dolencias que un lector como yo, exasperado por el insólito tremendismo de los inculpadores, no quiso registrar.

O sea, que los individuos de la especie son asombrosamente frágiles, señoras y señores. Les haces que se levanten de la cama 60 minutitos más temprano que de costumbre y, oigan ustedes, sufren trastornos: se confunden, se sienten perturbados, les sube la presión arterial o se les acelera el ritmo cardiaco, pierden por ahí el sentido de la orientación, se tropiezan al querer subir unas escaleras, se meten al cuarto de hotel equivocado, se desconcentran al momento de pulsar los botones de la consola de control del reactor nuclear, tienen nauseas, les duele la cabeza… ¡Ternuritas!

No sé cómo diablos se las apañaron nuestros antecesores para cruzar el estrecho de Bering durante la última glaciación y poblar este continente pero, caramba, yo supongo que estuvo de perros la empresa: días enteros sin probar alimentos, expuestos a las inclemencias del clima y sin asistencia médica externa, aquello fue sin duda un peregrinar absolutamente espeluznante. Pero, miren, no mariconearon y aquí estamos nosotros, sus descendientes directos. Mezclados, eso sí, con los feroces conquistadores venidos de la Península salvo aquellos autóctonos que han mantenido pura su sangre originaria.

Tampoco fueron los extremeños y andaluces —entre otros de los españoles que acompañaron a Hernán Cortés en sus expediciones— unos debiluchos quejicosos sino unos tipos muy bragados que habían ya zarpado de las costas ibéricas para atravesar la mar océano en unas endebles naves sin aire acondicionado, sin duchas con agua caliente, sin sala de cuidados intensivos y sin refrigeradores para los alimentos.

Ah, pero los humanos somos hoy mucho más delicados. ¿Qué hacemos? ¿Vivimos algunos siglos más o, de plano, nos extinguimos ya?

revueltas@mac.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.