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Sábado , 23.02.2019 / 11:45 Hoy

La Semana de Román Revueltas Retes

Encendido elogio de una dictadura

Román Revueltas Retes

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Las violencias, los atropellos y las atrocidades nos inquietan por una mera conciencia personal de las cosas, no por servidumbre a una ideología ni por la presunta subordinación al mando de terceros: esto parecieran ignorarlo todos esos lectores que, en cuanto expresas opiniones que no les cuadran a ellos, responden con injuriosos mensajes y te imputan oscuros intereses.

Las dictaduras son igualmente odiosas, del signo que sean, y la libertad no debiera ser jamás sacrificada en el altar de ningún principio posiblemente superior, por más que los tiranuelos de este mundo invoquen siempre la preeminencia de las causas nacionales sobre la soberanía de los individuos. Pero al final, miren ustedes, todo termina reduciéndose a una única y exclusiva cuestión: el caudillo es el que manda y, encima, se perpetúa en el poder.

Esto, lo de que esos sujetos no quieran soltar ya nunca el timón de los asuntos públicos, sería lo primerísimo que debiere preocupar a los ciudadanos. Resulta de lo más sospechoso, vamos, que la gran cruzada emprendida por el “pueblo” —el tal “socialismo del siglo XXI” o la “revolución cubana” o la “soberanía nacional” o lo que sea— se reduzca a una sola cosa: la permanencia de la misma persona en el cargo.

Esa dominación de un solo individuo de la especie sobre todos los demás viene siendo algo extrañísimo, si lo piensas: es contrario al principio mismo de que el mando político se comparte periódicamente, como ocurre en las democracias donde se da cabida a la diversidad y se otorga una voz a quienes, pensando diferente, aspiran a ser representados en los entes del Estado. Ocurre, sin embargo, que la dictadura se disfraza: comienza por construir un discurso que pretende reflejar fielmente los intereses de las clases populares y, una vez consumada su estrategia de acallamiento de disidentes y opositores (reducidos a una obligada condición de “enemigos”), se agencia una legitimidad tan indiscutible como incuestionable porque cualquier manifestación del pensamiento crítico es desacreditada como una “traición”.

Llegados a este punto, los ciudadanos, intimidados y sojuzgados, no cuentan ya con recursos para defenderse de la arbitrariedad consustancial a los regímenes autoritarios: ya no hay oposición en el Congreso —o, su papel es prácticamente irrelevante—, ya no se publican las opiniones de los discrepantes en los diarios y la posibilidad de elegir a otros gobernantes se vuelve inexistente porque, al final, las elecciones están totalmente trucadas —ahí sí, estimados lectores— y los posibles opositores están en la cárcel o han sido forzados a exiliarse.

Ahora bien, ¿cómo es que es escuchan todavía voces, en el espacio público, de gente que defiende un sistema así? La presidenta del partido político que gobierna ahora a este país acaba de publicar un mensaje en las redes sociales para celebrar el sexagésimo aniversario de la Revolución cubana y, entre otros ensalzamientos, proclama que la dictadura de los hermanos Castro —porque de eso estamos hablando, señoras y señores, de un cruento sistema totalitario— ha mostrado que “la dignidad, la solidaridad y la batalla de las ideas son las armas más poderosas de los pueblos”.

¿De qué “dignidad” estaríamos hablando? ¿La de los soplones que denuncian a sus familiares por no apegarse servilmente a los preceptos de la mentada “revolución”, la de una población obligada a asistir a una plaza para soportar durante horas enteras el delirante discurso de un tirano megalómano o la de todos esos ciudadanos llevados a ejercer miserables faenas para asegurar meramente una precaria existencia? En cuanto a la “batalla de las ideas”, pues sí, es cierto que el Gobierno castrista plantó cara al “imperio yanqui” pero ¿no han emigrado cientos de miles de cubanos, precisamente, a los Estados Unidos? Y, ¿no se han lanzado al mar en frágiles balsas caseras, arriesgando sus vidas y testimoniando así de la magnitud de su desesperación? En lo que toca a la posible solidaridad, ¿qué tan solidario puede ser un régimen que ordenó el hundimiento del vetusto remolcador 13 de Marzo en el que intentaban huir 72 personas, en la madrugada del 13 de julio de 1994 en la bahía de La Habana, provocando la muerte de 37 seres humanos, diez niños entre ellos?

Remata así su tweet, la dirigente de Morena: “Un mundo mejor es posible”. ¿Qué mundo, distinguida señora? ¿El de 90 por cien de la población cubana que vive en la pobreza mientras que la casta gobernante disfruta de todos los privilegios? ¿Un mundo sin elecciones libres? ¿Un mundo sin prensa independiente? ¿Un mundo de ejecuciones capitales, fusilamientos y desapariciones perpetradas por el régimen (“Fusilamientos, sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario”, declaró Ernesto “Che” Guevara en 1964, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas)?

Pero, bueno, estamos hablando de Cuba, después de todo. Esperemos que la instauración de ese “mundo mejor” no ocurra aquí, en estos pagos. No es lo que queremos los mexicanos, ¿o sí?


revueltas@mac.com



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