En noviembre del año pasado (2025), Zanny Minton, Editora en Jefe de The Economist escribía: “Next year (2026) will define the new world order because 2025 demolished the old one. President Donald Trump has remade decades-old norms and institutions as dramatically as he is remodelling the White House”. Y así comenzamos este año nuevo… Con la mirada dirigida hacia Venezuela: con un régimen que cae y un futuro lleno de interrogantes. Desde mi punto de vista, un país que hoy está tan cargado de esperanza como de simbolismos.
Lo primero que habría que reflexionar es que lo que hoy sucede en el país sudamericano es parte de un reordenamiento de poderes en una nueva era dominada por la geopolítica, donde las fronteras, las regiones y las esferas de influencia vuelven a convertirse en los factores clave a descifrar para entender el nuevo mundo. En ese contexto, habría que analizar lo que viene para Venezuela, pero también los impactos globales.
Venezuela: las dos transiciones
Mi primera expectativa es que la llamada “tierra de gracia” experimentará dos transiciones antes de entrar en un periodo de estabilización. La primera estará a cargo del régimen anterior, en este momento encabezado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, siempre de la mano y directrices del gobierno estadunidense; la segunda, meses después, por un gobierno de oposición (también con gran influencia de EUA), que vivirá el choque del cambio de régimen que lo llevará a dar paso a un siguiente gobierno, con mayor legitimidad.
La estabilidad probablemente llegaría en este tercer momento, siendo el inicio de un periodo que llevará años para reconstruir todo lo que los periodos de Chávez y Maduro destruyeron. Sin embargo, aun cuando la economía, la infraestructura y la democracia podrían tardar un tiempo significativo en erigirse, es probable que las familias que fueron distanciadas por la brutalidad de la dictadura se puedan reunir de nuevo, dotando a la gente de una nueva esperanza, antes golpeada por la pobreza, violencia y falta de libertades.
La prueba para las barras y las estrellas
La tierra del “Chévere” también nos permitirá ver con mayor claridad, no sólo los intereses estadunidenses, sino cómo se entreteje su política exterior en este nuevo momento geopolítico de la historia. No hay duda de que, en los días y meses por venir, Venezuela podría vivir peores momentos que los que ya ha experimentado.
Las pugnas de poder internas, los intereses e incluso el caos podrían tomar lugar en escena; una nueva escasez en un país que apenas sobrevive podría provocar un nuevo éxodo antes de que llegue la estabilización.
EUA podría mantenerse en el país para evitar que el régimen se reorganice y para cuidar sus intereses petroleros, pero también podría tomar la decisión de involucrarse activamente en el proceso de estabilización; sin embargo, esto implicaría liderar una gran campaña de ayuda humanitaria a este país que habilite la reconstrucción política y social. Veremos si las estrellas vuelven a brillar…
Las libertades y los intereses
Hay ocasiones en que los intereses convergen con las libertades. No es algo menor, hay que celebrarlo, sin embargo, no debemos confundirnos. La intervención estadunidense no se vislumbra como una cruzada por la democracia, sino como una declaración de la fuerza militar estadunidense y de su decisión de intervenir en los asuntos del mundo en aras de su seguridad e interés.
Los intereses involucrados en el tema que abordamos son muchos y complejos de comprender. Sin duda, las reservas probadas de petróleo de Venezuela no es poca cosa; se calcula que superan los 300 mil millones de barriles, lo cual supera en más de 4 veces las reservas estadunidenses. Sin embargo, hoy en día Venezuela es superado 13 veces en producción de barriles diarios por EUA y su crudo extrapesado no se puede comercializar fácilmente.
La premisa inmediata apuntaría a pensar que EUA buscará explotar estas reservas por interés y beneficio propio, sin embargo, recordemos que la frase “América para los americanos” ya se había pintado de rojo.
Venezuela envía a China alrededor del 80 por ciento de sus exportaciones petroleras y, si bien, esto representa apenas cerca del 6 por ciento de las importaciones del dragón asiático, la deuda que ha contraído la “pequeña Venecia” con China, especialmente con el Banco de Desarrollo Chino, es mayor que la de cualquier otro país latinoamericano, estando en el orden de 60 USD billions.
Aproximadamente dos terceras partes de las exportaciones petroleras a China generan liquidez, pero la otra tercera parte amortigua la deuda. No podríamos esperar que China no busque involucrarse, dado que tiene intereses importantes. Y si decide no involucrarse será aún más peligroso, porque quizá esté tomando la decisión de fortalecer sus intereses en su zona de influencia, como podría ser Taiwán.
A diferencia de EUA, que tiene al petróleo como su principal fuente de energía, China aún es un país que depende del carbón, pero que a la vez fortalece la generación de energía renovable como ninguno otro en el mundo. Si las importaciones desde Venezuela se debilitan, esto sólo fortalecerá la relación del gigante asiático con los 3 países que le representan más del 50 por ciento de sus importaciones de petróleo: Irán, Arabia Saudita y Rusia, lo cual tiene implicaciones que ya hablaremos en otro momento.
¿Y México?
Para quienes vimos con atención la conferencia de prensa del presidente Trump y varios oficiales de primer nivel con relación a la intervención en Venezuela, escuchamos afirmar enfáticamente, más de una vez, que EUA no amenaza, sino que actúa y obtiene resultados.
Si esto lo sumamos a la intervención en sí, es claro que esto apenas es el principio de una escalada en la acción y no sólo en la narrativa. Los cárteles venezolanos representan un nivel de riesgo mucho menor al de los cárteles mexicanos para EUA. Sin duda, el año comienza en Venezuela, pero apenas comienza…