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Miércoles , 20.03.2019 / 04:01 Hoy

Columna de Roberto Blancarte

El papa y Satanás

Roberto Blancarte

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Muchas de las víctimas de abusos sexuales en la Iglesia católica están enojadas con el papa. Al parecer, no están satisfechos con las medidas anunciadas en su discurso al final de la misa, que marcó el cierre del encuentro titulado “La protección de los menores en la Iglesia”. Las razones son varias. La primera es que las medidas anunciadas en este discurso del papa Francisco no parecen cumplir con las expectativas generadas el primer día del encuentro. En esa ocasión, se establecieron 21 pasos muy concretos, a seguir en caso de conocimiento de violaciones sexuales o de alguna denuncia, desde un vademécum práctico, hasta la institución de un organismo autónomo de la autoridad eclesial, de fácil acceso para las víctimas, pasando por el establecimiento de estructuras de escucha, criterios para la implicación directa del obispo, procedimientos para el análisis de las acusaciones, protección de las víctimas y derecho de defensa de los acusados, protocolos y normas para preservar un ambiente protegido para los menores, protocolos específicos para acusaciones contra obispos, iniciativas de formación de los mismos, colaborar con medios de comunicación, etcétera. Y, sin embargo, en su alocución del cierre del encuentro, el papa dio la impresión de haberse echado para atrás, pues en lugar de anunciar medidas concretas, enmarcó el tema del abuso sexual a los menores en un contexto global y se refirió a ocho dimensiones más bien vagas. De esa manera, la responsabilidad de la Iglesia en estos casos parece más bien diluida y el responsable de todo es ni más ni menos que Satanás, no la institución. No significa que el papa no haya admitido la responsabilidad y compromiso de la Iglesia, pero da la impresión de que, en vez de asumir la responsabilidad de la institución que él dirige, el sumo pontífice prefirió repartirla. Por ejemplo, cuando el papa aseveró que “la primera verdad que emerge de los datos disponibles es que quien comete los abusos, o sea las violencias (físicas, sexuales o emotivas) son sobre todo los padres, los parientes, los maridos de las mujeres, niñas, los entrenadores y los educadores”. O cuando luego afirmó: “Teatro de la violencia no es solo el ambiente doméstico, sino también el barrio, la escuela, el deporte y también, por desgracia, el eclesial”. Aquí, la referencia a la responsabilidad de la Iglesia parece casi incidental. Después de esto, la aclaración de que “si en la Iglesia se descubre un solo caso de abuso –que representa ya en sí mismo una monstruosidad-, ese caso será afrontado con mayor seriedad” pierde peso. Si a eso le agregamos que para el papa el significado existencial de este fenómeno criminal es “la manifestación del espíritu del mal” y que “detrás de todo esto está Satanás”, todo el asunto puede fácilmente interpretarse como una forma de distracción de las responsabilidades concretas de la institución eclesial y en particular de sus dirigentes, es decir los obispos. Así que lo que se había avanzado en términos de medidas concretas se convierte en un paso atrás. Palabras bonitas que requerirán acciones concretas para recuperar un mínimo de credibilidad.

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