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Lunes , 18.02.2019 / 05:23 Hoy

Columna de Roberto Arias de la Mora

La Constitución y el valor de la prudencia política

Roberto Arias de la Mora

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Hoy que celebramos un aniversario más de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, resulta una magnífica oportunidad para invitar a la reflexión colectiva. Tanto lo escrito en la carta magna, al momento de ser promulgada el 5 de febrero de 1917, como lo derogado y reescrito en ella a lo largo de estos 102 años de vida constitucional, ha sido producto de los más acalorados debates políticos de nuestra historia nacional.

Los debates de ayer y hoy son la mejor evidencia de una Nación viva y en constante evolución, por lo que los contenidos constitucionales no pueden ser considerados palabras labradas en piedra –y mucho menos emplearlas como proyectiles contra el adversario político al turno–, sino como el resultado natural del inexorablemente proceso de resignificación histórica que construye y reconstruye el espíritu nacional que nos sostiene como mexicanos.

Hoy en día son demasiados y tan diversos los signos de las sombras de la polarización política que amenazan a los principios fundamentales de aquella unidad en la diversidad, que fuera consagrada por aquel Poder Constituyente, instalado en el Gran Teatro Iturbide de Querétaro –hoy Teatro de la República– entre el 1° de diciembre de 1916 y el 31 de enero de 1917; que más nos valdría mirar lo que celebramos hoy desde el prisma del insigne historiador León Portilla, para quien “la construcción de significado en la historia implica la integración de conceptos que dan entender lo que ocurrió en un determinado tiempo y lugar con todas sus implicaciones, antecedentes, causas y consecuencias” (2003, p.16).

Nuestros políticos profesionales al igual que los variados colectivos de ciudadanos; o para decirlo mejor, sin distinción: todo mexicano movilizado hoy en día al amparo de esa libertad descubierta y ejercida a través de las llamadas redes sociales, ya sea motivado por cualquier reivindicación política fundada lo mismo en una fe, en una tradición, que una ideología particular; deberán tener presente el valor de la prudencia –que poco o nada tiene que ver con el sentido derrotista de la claudicación política con el que suelen envolverse los discursos xenofóbicos o antipatriotas–. La prudencia, nos recuerda Gerardo Paz, es contraria a la necedad o la inmovilidad ya que “requiere de percepción, de discernimiento, de estar alerta a lo que sucede a nuestro alrededor, antes de hacer un juicio; y para ello hay que saber callar y escuchar. Investigar, informarse, reflexionar, tomar en cuenta la propia experiencia antes de tomar una decisión. El necio en cambio, se cree todo lo que le dicen, y actúa de manera emotiva, compulsiva, sin razonar” (2012:36).


Académico de El Colegio de Jalisco

roberto.arias@coljal.edu.mx


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