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Sábado , 23.03.2019 / 21:33 Hoy

Columna de Roberto Arias de la Mora

Del Mi al Nuestro Transporte Público

Roberto Arias de la Mora

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El anuncio realizado la semana pasada por el gobernador del Estado, Mtro. Enrique Alfaro Ramírez, sobre la decisión de recuperar la rectoría sobre el transporte público por parte del gobierno estatal, terminando así con lo que el propio gobernador calificó de chantajes “tanto de allá para acá como de aquí para allá” (MILENIO JALISCO, 27 de febrero), y que, desde su perspectiva, han sido el signo distintivo de las relaciones sostenidas al menos durante las últimas cuatro administraciones entre las autoridades del transporte y los prestadores de ese servicio público.

Quizás lo más interesante del anuncio radica en el posesivo “Mi” empleado para etiquetar las ideas que marcarán los cambios y reformas anunciados y que, por lo que se alcanza a observar desde fuera, se realizará -ahora sí- la tan manoseada transformación del muy tapatío modelo de transporte público basado en las habilidades personales de un “hombre-camión”, para transitar hacia un modelo basado más bien en los beneficios económicos generados por una empresa integrada por los propios transportistas y responsable de la calidad del servicio público del transporte en una ruta específica, cuya concesión le ha sido previamente concedida por las autoridades competentes de su regulación. Visto así, efectivamente pareciera que los anuncios de la semana pasada poco ilustran los aprendizajes sobre los intentos fallidos del pasado, con todo y que el responsable de Mi Transporte, haya jugado un papel significativo durante los años ya idos.

Lo que tal vez se pierde de vista es que la calidad en el servicio del transporte público en Jalisco y particularmente en el área metropolitana de Guadalajara, está condicionada no únicamente por una adecuada, justa y equitativa distribución de los beneficios económicos obtenidos por concesionarios y choferes; sino además, existen otros muchos y variados factores que influyen cotidianamente en las decisiones de los usuarios de los servicios de transporte público y que los han llevado a privilegiar históricamente, el uso intensivo del automóvil, sobre el resto de las pretendidas opciones -motorizadas o no- que les ofrece el entorno por el que transitan cotidianamente.

En este sentido, más nos valdría pensar dos veces los alcances de “Mi Transporte” y voltear a ver las expectativas sociales para ampliar nuestra visión sobre el problema del transporte público en la metrópoli tapatía y el resto del territorio estatal: ¿qué tal si nos enfocamos en la “inclusión social” como finalidad última del transporte público y lo rebautizamos como “Nuestro Transporte”? Visto así, garantizar la percepción de seguridad del usuario es una prioridad clave.

Académico de El Colegio de Jalisco

roberto.arias@coljal.edu.mx

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