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Martes , 19.03.2019 / 23:53 Hoy

Artículo mortis

Un mundo nos vigila

Roberta Garza

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Sin distingos de raza, religión o tendencia. El único hilo conductor aparente es la posible incomodidad que las víctimas le representan a la agenda del gobierno mexicano: periodistas como Carlos Loret de Mola y Carmen Aristegui, sobre todo después de investigaciones como la de Tanhuato por el primero y la casa blanca por la segunda, e instituciones como el centro Pro, el Instituto Mexicano para la Competitividad, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, entre otros más, recibieron repetidos mensajes, unos más alarmistas que otros —desde avisos de problemas con la visa gringa hasta pruebas de affaires extramaritales, o advertencias de que unos sicarios los esperaban afuera de su casa—, a ver si caían en el garlito de picarle al link e instalar un software llamado poéticamente Pegasus que, sin saberlo ellos, enviaría toda su información —sus llamadas, chats, contactos y mensajes— al servidor fuente del espionaje. Por si eso fuera poco, el programa tomaba el control de la cámara y el micrófono, no se fueran a ofrecer.

El New York Times documentó, desde septiembre del año pasado, cómo el gobierno mexicano había adquirido al menos desde enero de 2015 el programa israelí, de la firma NSO Group, con un costo de 650 mil dólares por 10 teléfonos o 300 mil por cinco BlackBerry, además de la instalación. Los compradores fueron la Secretaría de la Defensa Nacional, la Procuraduría General de la República y el Cisen. En ese momento, ante las dudas de si serían usados conforme a derecho, el vocero de la embajada mexicana en Washington, Ricardo Alday, afirmó en un e-mail: “Nuestros sistemas de inteligencia están sujetos a la ley mexicana y tienen autorización legal… No son usados contra periodistas o activistas”. Por mi madre, bohemios.

El año pasado fueron asesinados más periodistas en México que en décadas anteriores, y este año pinta igual o peor; de los estragos que el crimen organizado causa a lo largo y ancho del país, ni hablemos. El gobierno, sin embargo, elige investigar activamente a las víctimas en vez de a los agresores: a quien le resulta incómodo en vez de al criminal. Por si hubiera la menor duda de dónde están sus prioridades.

Twitter: @robertayque

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