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Jueves , 18.04.2019 / 10:03 Hoy

Artículo mortis

La urna como tzompantli

Roberta Garza

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En una democracia, la mayoría ciudadana elige a sus gobernantes. Una mayoría simple, con restricciones menores, como haber alcanzado determinada edad. ¿El único país que no permite el voto femenino, después de que Arabia Saudita lo concediera por primera vez en 2015? El Estado Vaticano.

La democratización del mundo moderno tuvo su patada inaugural con las grandes revoluciones alentadas por la Ilustración, y el fin de la guerra fría terminó con la necesidad de sostener a los “hombres fuertes” de Moscú o de Washington en los países que éstos usaron como sucedáneos bélicos. La tendencia ha seguido hasta hoy, cuando las autocracias plenas —en su mayoría religiosas, principalmente islámicas— apenas rebasan el 10 por ciento.

La perversa novedad es que cada vez son más los autócratas que llegan al poder no por medio de golpes militares, sino por la vía de las urnas, procediendo a dinamitar las pocas o muchas instituciones democráticas y las libertades civiles, ya sea para ejercer sin oposición, para eternizarse en el poder, o ambas. Erdogan en Turquía, Morsi en Egipto, Duterte en Filipinas, Correa en Ecuador, Putin en Rusia, Morales en Bolivia, Ortega en Nicaragua y, por supuesto, Chávez en Venezuela, son apenas algunos ejemplos. Todos ellos —y los que vienen— han dejado ver con antelación, voluntaria o involuntariamente, sus tendencias oscurantistas.

¿Cómo entonces alguien en su sano juicio ejerce su derecho a decidir para que éste le sea retirado? ¿Cómo se vota para que le acoten a uno la libertad de expresión? Quizá se lo podamos achacar a los velos del pensamiento religioso, al síndrome clientelar del dependiente crónico, a la rabia justa o al resentimiento tóxico. En realidad se lo debemos a una sociedad que, habiendo caído en la complacencia —sí, ya sé que estamos del nabo, pero quienes recordamos la vieja dictadura sabemos que, en comparación, el México de hoy es un infierno varios grados menos caliente—, ha acabado por acotar la democracia al mero sufragio. Al margen de lo económico o administrativo, no siempre se vota para elegir entre uno u otro proyecto político; a veces están en juego conquistas y libertades que hoy tomamos por dadas. Si no lo entendemos a tiempo, caro lo vamos a pagar.

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