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Miércoles , 20.03.2019 / 01:51 Hoy

Opinión

El buen trato en la humanidad

Ricardo Velázquez

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El hombre no es hombre desde que nace, se transforma en ser humano cuando aprende. No es solo una realidad natural, sino una realidad cultural. Es necesario aprender el lenguaje, ya que no es una función biológica sino cultural; forma parte esencial de la vida cotidiana. Estamos en la constante búsqueda de un trato humano, que nos distingue de los animales. Es el mismo trato humano el que exigimos, que el que debemos dar a los demás. Es de vasta importancia prestar atención a uno mismo, para después prestarla a los demás; de ahí lo cierto de la cita bíblica que dice "ama a tu prójimo como a ti mismo"; si no te amas, difícilmente podremos amar a los demás.

La vida está llena de complejidad, así como de complicaciones en contra parte con la simplicidad de la muerte. Las cosas nos agradan, pero al poseerlas ellas también nos poseen, restándonos libertad. Es importante recordar que las personas no son cosas y no pueden tratarse como tales. Nadie puede dar lo que no tiene; no puede darse más de lo que se es. Las cosas no son suficientes, pues todo hombre necesita de otros para ser feliz, no únicamente de las cosas materiales. Nos gusta el respeto, la amistad, el amor, la complicidad que solo se da entre iguales. Los humanos nos humanizamos al tratar a otros como personas.

Ya dijo con gran certeza Jean Jacques Rousseau: "Quien no tiene necesidad de nada, no puede amar y quien no ama no puede ser feliz".

Para vivir bien, debemos tener conciencia. Quien no ha sido tratado humanamente con dificultad, podrá dar a los demás ese trato. Sin embargo, para tener conciencia debemos prestar atención y esforzarnos, pues la conciencia nos permite: saber que no todo da igual para vivir humanamente; nos da la oportunidad de fijarnos si lo que hacemos es realmente lo que queremos o no; si satisface nuestra diversas necesidades. La conciencia nos ayuda a desarrollar la moral y a ser verdaderamente responsables de nuestros actos.

Lo malo no permite que vivamos la buena vida, por ello debemos evitarlo; por egoísmo, pues el egoísmo consecuente busca únicamente lo bueno para uno mismo. Hay que ser egoístas pero para buscar lo moralmente bueno, esforzándonos para vivir entre amor y agradecimiento y no entre temor y odio. Los humanos necesitamos de los otros humanos para vivir bien. Sin embargo, sabemos que hay egoísmos que no buscan su propio beneficio sino que se comportan como si fueran su peor enemigo.

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