Política

“Realismo ofensivo” y doctrina 'Donroe'

Cuando el presidente Donald Trump declara que “no necesita del derecho internacional para tomar decisiones” y que su poder solo está limitado por su “propia moralidad”, está recurriendo al “realismo ofensivo”.

Cuando el Departamento de Estado, después de la “sustracción” del presidente Nicolás Maduro y de su esposa por fuerzas militares estadunidenses difunde una imagen que dice “América es nuestro hemisferio”, está aplicando un principio básico del “realismo ofensivo”.

Cuando el Ejecutivo de Estados Unidos anuncia que está listo para realizar una incursión militar en México, a fin de combatir a los cárteles de la droga, está ejerciendo una política de “realismo ofensivo”, consistente en que, si un gobierno decide usar la fuerza, debe hacerlo sin contemplaciones ni explicaciones.

El “realismo ofensivo” es el término que se usa ahora en la doctrina de las relaciones internacionales para ilustrar la forma como los Estados de la comunidad internacional están reaccionando al tránsito del unipolarismo o hegemonismo mundial a una plataforma multipolar, donde ya no es una potencia, sino varias, las que definen el curso del planeta.

Se diferencia del “realismo defensivo” en que este busca la máxima colaboración, cooperación y coordinación entre las partes integrantes del sistema, mientras que el “realismo ofensivo” busca la máxima dominación, subordinación y supremacía de una de las partes sobre el resto del sistema. 

John Mearsheimer es el internacionalista que más ha desarrollado el concepto. Argumenta que el sistema internacional requiere que los Estados maximicen su poder ofensivo para estar seguros y evitar que los rivales obtengan poder a su costa. De hecho, este incentivo sistémico es tan poderoso que los Estados se convertirían en los más poderosos de todos si pudieran: “El objetivo final de un Estado es ser la potencia hegemónica en el sistema”. Solo siendo la potencia hegemónica puede el Estado estar absolutamente seguro de su seguridad. Para Mearsheimer, los Estados buscan maximizar el poder no porque sean agresivos, sino porque el sistema lo requiere. Este comportamiento es la mejor manera de maximizar la seguridad en un mundo anárquico, es decir, en un mundo donde las potencias emergentes compiten con el polo único del antiguo orden.

Para diversos observadores, más que revivir la doctrina Monroe de hace 200 años, lo que se busca ahora es aplicar la doctrina Donroe, que plantea edificar un nuevo orden mundial, en el que la supremacía militar, industrial comercial, financiera, monetaria y civilizatoria sea unipolar y no tan diluida, difusa y segmentada como lo promueve la multipolaridad.

Hay un texto enviado al Congreso estadunidense el pasado mes, que sintetiza la doctrina Donroe: la “Estrategia de Seguridad Nacional de la Unión Americana para 2026”, la cual plantea los objetivos de salvaguardar la soberanía y la supervivencia de Estados Unidos, recuperar el control integral de sus fronteras y del sistema migratorio, sostener la “paz mediante la fuerza” y fortalecer la seguridad económica vía la reindustrialización. El documento señala que es preciso seguir un “realismo flexible” (en realidad, ofensivo), que aliente el trabajo con países que no son afines, pero que tienen intereses comunes. Según la publicación, las intervenciones son necesarias algunas veces para eliminar las amenazas a la nación.

Es un documento para analizar y comentar en otra entrega.


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Ricardo Monreal Ávila
  • Ricardo Monreal Ávila
  • ricardomonreala@yahoo.com.mx
  • Coordinador de los senadores de Morena y presidente de la Jucopo / Escribe todos los martes su columna "Antilogía" en Milenio Diario
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