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La basura y el bote

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No, que nadie se equivoque: la mudanza de oportunistas y vividores de todos los partidos, de los medios y hasta de la farándula a las filas de Morena no es una virtud del mesías del trópico.

No, en realidad se trata de un fenómeno que retrata de cuerpo completo a la clase política mexicana, toda, y a buena parte de la llamada “sociedad civil organizada”. ¿Por qué?

Porque es mentira que la migración a Morena sea producto de que un buen día los ambiciosos sin límite y los vividores del dinero público hayan despertado con la buena nueva de que el sol los tocó con un rayo de esperanza que hizo el milagro de la conversión ideológica.

No, nadie olvide que en el tango, igual que en la traición, se requieren dos. Y, en el caso de la mudanza a Morena, lo primero que existió fue la debilidad ideológica —o la inexistencia ideológica—, que siempre estuvo latente en espera de la segunda parte, del líder o partido capaces de premiar al traidor.

Dicho de otro modo, que los oportunistas que saltan de cama en cama partidista siempre fueron eso, vulgares oportunistas que aman la promiscuidad política a cambio del beneficio personalísimo.

Y una vez que Morena hizo público el premio mayor por la traición, saltaron sin pudor alguno; de la noche a la mañana pasaron de ser severos críticos de Morena y de AMLO, al penoso papel de adoradores del “demonio” al que antes satanizaban.

Es decir, antes de que existiera el bote de basura, antes de Morena, ya existía la basura política, ideológica y ya existían los oportunistas que, agazapados en sus mentiras ideológicas, solo esperaba un momento para encontrar su respectivo bote de basura.

Y el tema viene a cuento por el caso emblema de la senadora Gabriela Cuevas, que vio la luz de la verdad cuando casualmente en el PAN le negaron un nuevo cargo que, milagrosamente, sí le regaló Morena.

Sin embargo, en 2012, Gabriela Cuevas desenmascaró en El Universal la gestión de AMLO en el DF. Así lo dijo:

1. Durante los primeros cuatro años de su gestión, la capital reportó un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) inferior al promedio de las entidades.

2. De 2000 a 2005, el empleo formal no creció igual que en el resto del país.

3. En materia de educación, el número de alumnos (de preescolar a bachillerato) se mantuvo igual durante su mandato.

4. Los subsidios a las personas de la tercera edad estuvieron sujetos a la opacidad y sus beneficiarios a la manipulación: “¿Cómo puede explicamos López Obrador que en la delegación Azcapotzalco existiera 107 por ciento de cobertura o un 105 por ciento en Iztacalco y Gustavo A. Madero?”, cuestionó.

5. AMLO no permitió que se implementaran, durante su gestión, el Seguro Popular y Oportunidades, dejando a millones de personas sin este importante beneficio.

6. Durante su gestión, cada ocho horas se reportaba la violación de una mujer.

7. En un día típico, se denunciaban 86 robos de vehículos, 13 robos a casas habitación y dos homicidios dolosos.

8. Cuando se detectó que su subdirector de Política y Estadística Criminal, César Alfonso Rodríguez Gómez, era secuestrador, la respuesta del procurador nombrado por Andrés Manuel fue: “Sí era un secuestrador, pero no en horas de trabajo”.

9. A los 700 mil ciudadanos que protestaron en el Paseo de la Reforma para exigir a las autoridades mayor seguridad, López Obrador los tildó de “pirrurris” y manipulados. Hasta aquí lo que dijo Gabriela Cuevas.

Por eso, obligan las preguntas.

¿Qué pasa en la cabeza y en el corazón de un político o mujer dedicada a la política, que un día se acuesta con la capacidad crítica que acabamos de leer y, al día siguiente, con la certeza de que ese mal gobernante que dibujó es en realidad el salvador de la patria?

Dicen algunos expertos del comportamiento social que la pregunta anterior no es digna de un análisis político, sino psiquiátrico.

Sin embargo, el tema parece más sencillo. Lo cierto es que entre la clase política, entre los políticos y las mujeres que se dedican a la política, abundan los políticos basura, que pululan en busca del bote al que jurarán lealtad y pertenencia a cambio de un hueso.

Y hoy el mayor bote de basura se llama Morena, como ayer se llamó PAN y antes de ayer se llamó PRD.

Y es que los políticos basura solo van tras el hueso y el dinero público, sea en PAN, PRI, PRD, Morena o donde quiera que les den un hueso.

Lo más grave, sin embargo, es que la llamada “sociedad civil organizada” también se contagió del gusto por el bote de basura, en ese caso llamado “candidaturas independientes”.

¡Ver para creer…!

Al tiempo.

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