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Sábado , 20.04.2019 / 14:25 Hoy

Umbral

El teléfono no sonó más

Ramón Macías Mora

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Bebía, bebía y bebía. Yo no lo sabía.

Su afición a la guitarra le hizo acercarse a mí. Aún no terminaba la revolución en su país, el mismo de Sandino.

Era cauto, por su ideal o, carencia del. Antes había llegado a estudiar, regresó a su país donde estudió arquitectura y cómo son las cosas, la guerra y su mal endémico el alcoholismo le hizo refugiarse en esta generosa y hospitalaria ciudad.

Encontró casa, comida y compañía en casa de una honorable maestra de piano- Siempre guardando las distancias- hasta hacerse indispensable.

Hosco. Varias veces regresó a su hogar natural. La calle. Las bancas de los parques y las banquetas. Con mejor suerte a un cuarto de pensión. Con su soledad y neursatenia.

De pronto, sonaba el teléfono, de los de antes, fijo y cable de resorte. ¿Cómo no? Era él. Bohemio irredento, “Qué, tomamos café” – ¿En el Madrid? -¿Y la guitarra ¿qué dice? –siempre le preguntaba. Hablábamos acerca de nada, cosas baladíes.

-Pues ya sabes, no se deja, no afloja ¿Y Recuerdos de la Alhambra?-¡No cede!

Era lo único que le aplacaba su carácter magro, su eterno conflicto y rebeldía hacia la vida. Se sentía poseedor de la verdad absoluta, pero la cruel guitarra le ponía en paz, en su sitio, nada más con ella no podía…

¿Cómo hacer para tenerte entre mis brazos guitarra? Para saberte entera y mía. –como declamaba Alfredo, el uruguayo, el cantor de la flor en la boca, según Estrázulas.

Pulcro, caballeroso, sus rasgo afroamericanos, siempre delataban su origen centroamericano, su vestir clásico, pantalón de casimir, bien fajada la camisa a cuadros y una chaqueta sport, era bajito de estatura y sin duda grande de espíritu.

Al perderse lo perdía todo, dentadura, espejuelos, dignidad…

Cuando volvía lo retomaba todo, su fe en Dios, su lealtad a los amigos y a la maestra, su entrega a la causa que le dio sentido a su vida, los grupos AA.

“Yo no canto por vos, te canta la samba” –cantaba y admiraba el canto de Alfredo Zitarrosa, y el del nuestro, José Alfredo Jiménez. Con una filosofía de vida muy particular. Aficionado a la pelota caliente, se desempeñó en ligas menores como manager- él nunca se sometía ¡a nadie!

Sólo a Mejía Godoy y los de Palacahuina. “Cristo ya nació, en Palacahuina- cantaba.

Parte de su vida, la dedicó con devoción, a la regeneración de enfermos alcohólicos, habiendo conocido en carne propia, lo terrible de ese mal.Pero.

Su fumar implacable le rompió literalmente el corazón, hasta qué… no supe más de él, el teléfono no sonó más…

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