• Regístrate
Estás leyendo: El arte del engaño
Comparte esta noticia
Sábado , 20.04.2019 / 14:37 Hoy

El arte del engaño

Publicidad
Publicidad

La mentira, es la forma más alta de la inteligencia humana, declaró recientemente, el mexicano Raúl Rojas, considerado el mejor profesor de Alemania (EL PAÍS: 29 de noviembre de 2014).

La fiesta de los toros es la fiesta del engaño. Se fundamenta justamente en el arte de engañar.

Triunfa en ella, dentro y fuera del ruedo quien mejor desempeña el arte de timar. Recientemente. Manuel Díaz El Cordobés, [En tu casa o en la mía, programa trasmitido por TV española en su emisión del 4 de diciembre de 2015] así lo expuso y corroboró mi afirmativa.

Debemos ser enfáticos y diferenciar entre dos cosas distintas, mentir y engañar, que no es lo mismo. Engañar es un arte, mentir es una vileza.

En toros la esencia del engaño se reduce a un trapo rojo llamado muleta que es con el que se burla la embestida del burel; asimismo se usa la capa para atraer y sortear la acometida de los toros al iniciar la lidia, que es cuando el animal muestra su mayor fiereza y cuando se encuentra “crudo” –dicen los entendidos- libre aún de las heridas producidas por los piqueros y las banderillas. También se elude el ataque de los toros a cuerpo limpio.

El ser humano miente tradicionalmente como un recurso de sobrevivencia. El acto inicia desde la primera infancia del individuo.

Existen marrulleros profesionales y timadores, mentirosos compulsivos que responden a una clara sicopatía.

Un matador de origen local, ya retirado, se desempeñó como apoderado de otro diestro también local, a quien en una feria pueblerina le correspondía encontrarse con un bello ejemplar toda presencia, trapío y astas intactas, criado con esmero y amor por el ganadero de hierro alteño, especialmente para esa ocasión. Sin embargo, y para amarga sorpresa del hijo del criador, su toro, había sido arteramente golpeado con una tranca durante la noche anterior, de lo cual fue informado al ser sorprendido el rufián en plena “faena” por lo que recibió a su vez, tremenda paliza por parte del ranchero.

Paradójicamente dentro del ruedo, triunfa quien mejor domina el arte de engañar con verdad, sin truco. El aficionado entendido, espectador escrupuloso comprende y valora la ética del toreo. Por cierto escasa en la actualidad.

Existen una y mil formas de engañar además de al toro, al público que es quien paga un billete para presenciar una corrida de toros.

El timo va, desde el ganadero inescrupuloso que vende novillos engordados como si fuesen toros, hasta el empresario corrupto que negocia con ganaderos el afeite de los astados [nadie sabe, nadie supo] y la falsedad de la edad de los bureles para dar gusto a las “Figuras”.

En el desempeño de la lidia de un toro, los diestros tramposos utilizan infinidad de recursos para someter al bovino, desde la orden a los encargados de ejecutar la suerte de varas, los picadores, a quienes indican ensañarse con el castigo para desangrar innecesariamente al astado.

Los enemigos de la fiesta; están dentro de ella.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.