• Regístrate
Estás leyendo: El alma rusa y la mentira uruguaya
Comparte esta noticia
Lunes , 22.04.2019 / 06:00 Hoy

Sonido local

El alma rusa y la mentira uruguaya

Rafael Pérez Gay

Publicidad
Publicidad

Rusia y Uruguay han avanzado a octavos de final en el torneo. Los rusos atropellaron a Arabia Saudita y a Egipto. El equipo que se enfrente a los rusos tendrá que plantarse en la cancha con cuidados extremos y un camión de bomberos. Escuché mil veces que Rusia no traía nada espectacular en sus filas y mientras tanto le puso de sombrero cinco goles a Arabia y tres goles a Egipto en quince minutos. Uruguay apenas le clavó un gol a los árabes y otro a Egipto. Dzyuba, el delantero ruso, es un auténtico hombre de las nieves que destruye a los defensas que se atreven a vigilarlo, pesa una tonelada y dispara los cañones de Navarone. Pero el arma letal rusa se llama Aleksandr Golovin, el más joven y más fino de los rusos. Si Bulgákov los hubiera conocido, los habría incluido como personajes de El maestro y Margarita.

Yo quería ver en acción a Salah, el rey egipcio, que se recuperaba de la entrada asesina de Sergio Ramos en la final de la Champions entre Liverpool y Real Madrid. Egipto quedó fuera del Mundial y Salah regresará a Inglaterra a poner en orden el harem de su casa.

En cambio, Uruguay avanza mediante el arte dramático de sus jugadores: los uruguayos mienten. Cierto, Suárez y Cavani en punta, Godín, Cáceres y Giménez en la muralla trasera, sumados a un equipo solvente, podrían dar dos o tres pasos en el torneo, pero los persigue la mentira. Además son avaros: a Egipto le anotaron un gol y otro a Arabia, ese es su capital. Juegan atorados en la media cancha y esperan la explosión de su ofensiva. Pegan patadas al por mayor y se quejan de faltas que nadie les ha cometido, a eso le llaman la garra charrúa desde el origen de los tiempos.

Si se tratara de letras, Juan Carlos Onetti los habría retratado en “Bienvenido, Bob”: “Es seguro que cada día estará más viejo, más lejos del tiempo en que se llamaba Bob”. Este principio viene a cuento porque cuando veo a Óscar Washington Tabárez, el director técnico uruguayo, siento que en cualquier momento caerá en la caseta víctima de un infarto masivo. Tabárez cumple 71 años y cuatro mundiales al frente de la Celeste. Sabe todo del futbol y camina ayudado por bastones. Cuando su equipo anota temo lo peor. Lo mejor sería anestesiarlo noventa minutos. No todos recuerdan que jugó en el Puebla y que se encuentra lejos del tiempo en que le llamaban Tabárez, así, sin más.

El alma rusa se enfrentará a la mentira uruguaya. Veremos al grandísimo defensa Godín enfrentar a Dzyuba y a Giménez y Cáceres perseguir al diablo Golovin. Como habrán notado estoy en la trinchera rusa.

rafael.perezgay@milenio.com • Twitter: @RPerezGay

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.