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Viernes , 19.04.2019 / 02:01 Hoy

Prácticas Indecibles

Vienen las lluvias

Rafael Pérez Gay

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Una cita en el piso 35 del World Trade Center. Nunca había visto por dentro y desde lo alto la fealdad de ese gran edificio tocado por la postergación y el olvido. Esa construcción tardó años en convertirse en este bastimento de miles de pasillos y techos no más altos que un mexicano promedio con la mano en alto. Desde una pequeña oficina vi cómo una nube de proporciones escalofriantes se posaba sobre la ciudad. Vienen las lluvias, pensé.

Minutos antes había pasado por una prueba mayor: en un mostrador te dan un pase, un QR para pasar unas puertas de grueso vidrio; luego, frente a los elevadores marcas, como una ilusión, el número del piso al que te diriges.

Cuando el ascensor abre la puerta, una multitud se agolpa en la entrada y cada quien busca un lugar. Allá adentro iba yo con una calma que ni Juárez en su carroza rumbo al norte de México. Un prócer en elevador.

Debo ser fácticamente verídico: el elevador sube como su puta madre; bueno, es un decir, no me lo tomen literalmente y llamen al Conapred: he aquí a un hombre que ofende a la mujer. Como dice un amigo, en fon.

Quiero decir que el ascensor sube a gran velocidad, ni cuenta te das y ya estás en el 35. Pasillo uno, pasillo dos; oficina mil, 2 mil. Oiga ¿y los baños? Al fondo a la izquierda. Muy lejos.

En la oficina del piso 35 había una nube negra del fin del mundo, ya lo dije. Recordé un párrafo de Manuel Gutiérrez Nájera escrito en 1881, en el cual se refiere a la lluvia en la ciudad.

El Duque dice que nunca pudo comprender la conveniencia de que lloviera en las ciudades. Cierto: que llueva en las ciudades populosas es verdaderamente incomprensible. Por cierto, el papá de Borges le dijo a su hijo una tarde: mira, una prueba de que Dios no existe, llueve en el mar.

No quisiera alarmar a nadie, pero algo similar debió ver Enrico Martínez en 1629 cuando construía el primer desagüe de la ciudad, en Nochistongo, y la capital quedó bajo el agua durante cinco años.

La nube se acercaba hacia el ventanal. El vidrio quedó cubierto de gotas que resistían al viento.


rafael.perezgay@milenio.com

@RPerezGay

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