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Domingo , 19.05.2019 / 03:43 Hoy

Prácticas Indecibles

Va mal

Rafael Pérez Gay

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Me pregunto en estos días si hay tal cosa como un instinto social autodestructivo. Leo las encuestas sobre el Instituto Nacional Electoral y decido que ciertamente hay una corriente alterna que contiene nuestra propia destrucción. Según la medición del diario Reforma, 60 por ciento de la población considera que el INE no está preparado para organizar las elecciones de 2018; 55 por ciento cree que el INE es poco o nada independiente del gobierno. Como no sé de encuestas y bien a bien me interesan poco, solo puedo hablar por mí mismo y expresar mi opinión. Voy.

Repito: según el resultado de esta encuesta, la gente cree que el INE depende de lo que se diga y haga en Los Pinos y además, o en consecuencia, no está capacitado para organizar las elecciones presidenciales del año entrante. Cierto, algo va mal. Los partidos, los actores políticos, la mayoría de los comentaristas han decidido que nuestro instituto electoral deja mucho que desear.

Voy con mi batea de babas. Soy de los que cree que una de las grandes cosas que México y los mexicanos hemos hecho en los últimos años es, precisamente, la creación de un gran instituto electoral, un bastimento autónomo capaz de conducirnos a la alternancia. Crecí en un país en donde los votos no contaban y donde las elecciones se decidían en las oficinas del partido central. El IFE y ahora el INE hicieron posible que hubiera elecciones libres, competidas y creíbles. ¿Miento? Pero la percepción, o como se llame, ahora nos dice lo contrario.

No soy un conocedor de la reforma electoral y esas cosas, no me lo tomen a mal, pero me tienen sin cuidado; sé en cambio que las elecciones se convirtieron en grandes e impresionantes organizaciones ciudadanas, sé que el día de la elección los ciudadanos votan en libertad. No es poca cosa, sino mucha cosa. ¿Quiere decir esto que el INE no ha cometido errores? No. ¿Se pueden corregir? Sí.

Quiero recordar que el primer personaje que estalló una bomba de falsedades en el cimiento del IFE fue López Obrador, al inventar en 2006 un fraude que nunca probó. A López Obrador no le gusta el INE, solo está de acuerdo con ese instituto si gana, y la verdad gana poco, con la pena.

Quienes critican al INE con todo el corazón consuman un acto autodestructivo cuyo final debería ser el diván de un psiquiatra. Como habrán notado, esta es una nota en defensa del INE. No lo destruyamos. Como dice un amigo: ¿estamos locos?

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay

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