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Viernes , 22.03.2019 / 04:52 Hoy

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Un sueño

Rafael Pérez Gay

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Durante algún tiempo escribí mis sueños en cuadernos. Eran los tiempos del autoanálisis. Un grupo de jóvenes estudiosos de Sigmund Freud y Karey Horney jurábamos que encontraríamos en ellos verdades dolorosas y refulgentes. No pocas veces me despertaba en la madrugada, encendía un cigarro Del Prado y escribía escenas súbitas tocadas por el absurdo. Conservé esos cuadernos durante años, consideraba que un día se transformarían en literatura. Me engañé. Nada salió nunca de esos apuntes de la fiebre onírica. Un día, en una mudanza, los tiré. Nunca los eché de menos.

La otra noche desperté agitado por fantasmas en acciones desaforadas. Me dije con la convicción de un Carl Gustav Jung: voy a escribir este sueño.

Mi hermano me decía: si abres los ojos te quedarás ciego. Un peligro nos acechaba. Caminábamos por calles oscuras. El rumor de la destrucción de todas las cosas se convertía en realidad. Me ocultaba en un edificio de los ventarrones del fin del mundo. El baño, la mejor protección. Le ofrecí ayuda a personas desconocidas. Incluso en sueños mi sangre es generosa. Huir de ahí, imperativo. Los edificios, masas de cemento dominadas por extrañas y atractivas luces azules y eléctricas.

Si se tratara de una película y no de un sueño, el presupuesto habría llegado a los 15 millones de dólares ante el azoro de los productores. Horizontes iluminados por luces subterráneas, raros tornados, una ciudad cercada. “No entiendo”, les decía a personas desconocidas. En la vigilia recordé que el sueño fue inmerecidamente largo y angustiante.

Un científico me traía un mensaje que resumió en dos palabras: muy grave. Lo que ven allá, detrás de esos cristales, nos señalaba una línea del horizonte a punto de estallar, es la nube tóxica. Entonces Juan Villoro me decía: caminaré por esa carretera hasta encontrar la muerte. Empezaron las despedidas.

Pertenece a Borges y a su lectura de Coleridge este hallazgo: durante la vigilia, si entra un tigre a nuestro cuarto, sentimos miedo; durante el sueño, si sentimos miedo, inventamos un tigre. Sé que tuve miedo en la oscuridad y fabriqué el absurdo. Hay médicos del alma que dicen que la palabra angustia tiene un sinónimo: miedo.

La memoria me dice que siempre tuve un poco de miedo, como una llama pequeña dentro de mí. No volveré a escribir un sueño, los dejaré pasar como se dejan ir esas escenas inverosímiles de las novelas malas, las películas aburridas o la vida misma.

rafael.perezgay@milenio.com

@RPerezGay

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