Política

La drusa

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Miré el marco de una puerta. Ciertamente no es algo que uno vea con interés cotidiano, pero mi vista se encontró con el marco y yo lo vi hasta que descubrí que a la mitad de su estatura de puerta había una curva, pequeña. Me explico: en la realidad la ondulación no existía, pero sí en mi visión. Me llevé la mano a la barbilla y pensé con profundidad filosófica: ¿Qué será está percepción? Al oftalmólogo. Disparos de luz inclementes en ambos ojos.

Después del examen verá colores azules, rojos, verdes. Normal, no se inquiete. No lo dude usted, cada vez que un médico le diga que no hay que inquietarse usted tiene que entrar en alerta nuclear. Los médicos dirán que soy neurótico, pero no me fío del destino.

El primer diagnóstico fue más que desalentador: maculopatía. De inmediato pensé: chingose la bicicleta. Hay de dos, la maculopatía húmeda, malísima, y la seca, menos mala. Si entiendo bien la mácula permite la visión fina. Más estudios.

Disparos de guerra óptica. Me voy a quedar ciego, doctor, con estos madrazos de luz. No se inquiete. Ya dije, no lo repetiré en este breve espacio. Después de los estudios bárbaros empecé a leer mucho más que en días pasados, el ojo bueno compensa al ojo malo. Horas de lectura. No exagero.

El segundo diagnóstico me enfureció: no, que siempre no es maculopatía, se trata de una drusa. Pensé: pues no diga si no está seguro, joder. ¿Y de qué hablamos, doctor? Las drusas son depósitos amarillos debajo de la retina y están formadas por lípidos y proteínas. Se desarrollan en el nervio óptico y tienen forma redonda. No suelen ser graves, aunque provocan síntomas en algún momento de la vida loca.

¿Qué hago con la drusa, doctor? Nada. Vuelva en un año. Me dio un cartón con una cuadrícula fina. Obsérvelo una vez al mes, no mucho más que eso, por la obsesión. Si las líneas rectas se vuelven todas onduladas, me habla. Abandoné el consultorio del médico: yo aquí no vuelvo jamás.

Hay nombres hermosos que significan algún padecimiento, así me pasa con la drusa. Si yo fuera poeta le escribiría un poema a mi drusa para que me acompañe hasta el final de los tiempos: lleno de mí, sitiado en mi drusa por un oftalmólogo que me agobia, mentido acaso por su radiante atmósfera de luces.

Amo a mi drusa.


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Rafael Pérez Gay
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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