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"Ensalada de locos"

Rafael Pérez Gay

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Todos tranquilos, éste no es un artículo político. Un vago azar o las precisas leyes, diría el clásico, me llevaron por un camino del pasado hasta las puertas de Ensalada de locos, el programa cómico de Héctor Lechuga, Manuel El Loco Valdés y Alejandro Suárez. Lo guardé muchos años en mi memoria y de pronto regresó con la fuerza de los recuerdos felices.

Una de sus secciones inolvidables: “Las Hermanitas Mibanco”. Lechuga y El Loco eran las hermanas con peluca primitiva y vestido de mujer que perseguían al galán Suárez. Uno le dice al otro: Maritza, pellizquito de pulgona por abusona.

Marcel Proust le llamó a los recuerdos que van de los sentidos a la mente, como un chispazo, memoria involuntaria. Cuando Google compró YouTube en mil 650 millones de dólares adquirió una memoria colectiva sin límites.

En la escena de un comercial de la televisión perdido en la bruma del tiempo, el actor Julio Alemán, todavía sin el castigo del bisoñé sobre su cabeza, vende cocinas integrales acompañado de otra actriz, quizá María Sorté. Alemán elogia los materiales de fabricación de la cocina y dice: “la cubierta es sólida como la roca y soporta altas temperaturas, pues está hecha de melamina de ponderosa”.

Me fui de espaladas. La combinación de esas palabras puso frente a mí un mundo que emergió del pasado cuando el locutor añadió: “usted puede llevarse este equipo a su casa por el ridículo precio de 450 mil pesos. Así vendemos en K2”. Me disculpo desde ahora: si el lector tiene menos de cuarenta y muchos, no tiene caso que asista a este artículo.

Ese mundo se caía a pedazos. Empezaban los años 80 y en México las cosas iban de mal en peor. El gobierno lopezportillista había entregado unos jirones de país al de Miguel de la Madrid y éste decretaba una especie de quiebra financiera e iniciaba unas reformas, desde entonces se llamaban estructurales.

Entonces yo no sabía lo que ahora sé: que para los mexicanos de mi edad los periodos de crisis son largos, constantes, y los de estabilidad cortos, muchas veces improbables.

Los que habíamos nacido en la segunda mitad de los años 50 no cumplíamos todavía los 25 años. Pero yo quería escribir de Ensalada de locos.

Fallé otra vez.

rafael.perezgay@milenio.com

@RPerezGay

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