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Martes , 23.04.2019 / 19:23 Hoy

Visión Social

Misterio pascual y política

Pedro Miguel Funes Díaz

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La Semana Santa o Semana Mayor comienza el Domingo de Ramos y culmina con el Domingo de Resurrección. Su motivación y contenido es eminentemente religioso, no obstante unos lo tomen solamente como un período vacacional. El Jueves Santo, con la celebración de la Cena del Señor, por la noche, comienza el Triduo Pascual, el Viernes Santo es el día de la pasión de Cristo, el Sábado Santo (que ya no se llama de gloria) es un día de luto y espera, y el Domingo de Resurrección se celebra el triunfo de Cristo sobre la muerte.

A partir del testimonio de los evangelios puede observarse que la muerte de Jesús viene determinada por dos acusaciones, una que se discute entre las autoridades judías y otra que se discute ante Pilato, que corresponden a una acusación religiosa y a una acusación política, respectivamente.

La razón de que se den estos dos tipos de acusaciones es la situación en que se encontraban los judíos en aquellos tiempos. Desde el año 63 antes de Cristo, Jerusalén se encontraba bajo el poder romano, así como Judea y esto significaba que los jefes judíos no detentaban la máxima autoridad en la región. Naturalmente esto causaba disgusto entre muchos de los judíos, pero había diversos bandos, algunos más radicales. De hecho, años después de Cristo, en el año 70, la ciudad de Jerusalén fue destruida por los romanos a causa de las sublevaciones contra ellos.

Ante las autoridades judías la acusación contra Jesús fue de blasfemia, porque se hacía igual a Dios. Para ellos el problema se hallaba no sólo en las propuestas morales de Jesús, que invitaban a una religiosidad menos formalista y más de amor y servicio al prójimo por Dios, sino en pretender ser igual a Dios, al decir, por ejemplo que lo verían a la derecha de Dios.

Pero no bastaba la acusación religiosa para poder darle muerte, puesto que esta pena sólo podía aplicarla la autoridad romana. Por esta razón la acusación ante Pilato tenía que ser de tipo político, porque al procurador no le interesaban las diferencias religiosas entre los judíos. La acusación es entonces que Jesús se autoproclamaba rey.

El mismo Pilato se dio cuenta de que la acusación no se sostenía y buscó cómo librar a Jesús de la muerte, pero los motivos políticos, no la justicia, puesto que no quería correr el riesgo de que lo acusaran de estar contra el César, lo llevó a entregarlo lavándose las manos como para decir que él no era responsable. En efecto, Jesús se presentó como rey, pero no como los reyes de la tierra, sino como el que da testimonio de la verdad.

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