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Jueves , 21.03.2019 / 16:31 Hoy

Visión Social

Auténtica democracia

Pedro Miguel Funes Díaz

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Para que una sociedad sea democrática no es suficiente que las leyes escritas sean democráticas, pues podrían seguirse sólo por conveniencia o, simplemente, por guardar las apariencias. Por ello puede decirse que hace falta más bien un cierto reconocimiento y aceptación de la bondad que de fondo supone este sistema político

Así como los derechos humanos, la democracia presupone en primer lugar el respeto a la dignidad humana, lo cual significa que una persona no puede ser equiparada a un objeto y ni siquiera a los otros animales. Su lugar particular exige una alta consideración que debe reflejarse en las leyes y en la vida social.

De esto se desprende que tales leyes deben ser respetuosas de los derechos humanos y tutelarlos de la mejor manera. Naturalmente de estos derechos no forman parte las reivindicaciones de presuntos derechos promovidos más bien por intereses ideológicos.

Un punto de referencia indispensable en toda democracia consiste en la dirección y el sentido de la participación democrática, que es el bien común, que significa la existencia de condiciones laborales, educativas, culturales, deportivas, religiosas, políticas... suficientes para que a todos sea posible alcanzar su realización, individual y socialmente.

La construcción de una buena democracia requiere que estos valores penetren la sociedad de un modo, al menos, general, por lo cual el camino para alcanzar el ideal democrático no consiste nada más en que los políticos sean buenos. En realidad es un trabajo de todos.

Perder las referencias fundamentales de la convivencia democrática es ceder a la tentación de las viejas y nuevas tiranías, que curiosamente se suelen autocalificar como democracias y representantes del pueblo.

El Compendio de la doctrina social de la Iglesia señala que "una auténtica democracia no es sólo el resultado de un respeto formal de las reglas, sino que es el fruto de la aceptación convencida de los valores que inspiran los procedimientos democráticos: la dignidad de toda persona humana, el respeto de los derechos del hombre, la asunción del « bien común » como fin y criterio regulador de la vida política. Si no existe un consenso general sobre estos valores, se pierde el significado de la democracia y se compromete su estabilidad."

La construcción de la democracia comienza en la familia y en la escuela, que son los ámbitos más adecuados para la siembra y el cultivo de esas semillas que llevan como fruto la participación democrática responsable y madura.

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