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Martes , 19.03.2019 / 17:32 Hoy

Nada personal

Una historia de vida cotidiana

Pablo Ruiz Meza

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Con lo ocurrido el jueves 7 por la mañana, suman tres asaltos a transporte de la ruta 76.

El atracó lo cometieron dos personas con armas de fuego, lo que es más común, pero los delincuentes incluyeron la modalidad de la privación de la libertad.

Minutos antes de las 7 de la mañana de aquel jueves, al inicio de actividades habituales, en una de las paradas del transporte en la colonia La Joya, dos individuos abordaron el microbús de la ruta 76.

Al ingresar a la Colonia Héroes y de acceso a la Unidad Habitacional Militar “Vicente Suárez”, a unas calles del Hospital Militar de la XXV ZM, los delincuentes desfundaron sus armas y obligaron al conductor a salirse su ruta y dirigirse a una privada.

En ese momento empezó la agresión verbal y las armas para despojar los pasajeros de sus pertenencias. Fueron 20 minutos de terror que se hicieron eternos para las víctimas del “secuestro exprés” para despojarlos llevándose todos los bolsos de manos y mochilas.

Un testigo de lo ocurrido, víctima del robo y privación ilegal de la libertad, describe cómo uno de los pasajeros, un hombre adulto, se negaba a entregar el dinero a los ladrones, porque era lo único que tenía para pagar el hospital de su hija donde era atendida.

“¡Si quieres mátame, dispara, pero no te entregaré el dinero!”, gritaba un desesperado padre de familia que se resistía al robo a bordo del microbús de la ruta 76, para terminar siendo sometido por los delincuentes y despojado del dinero.

Un secuestro y robo durante 20 minutos a bordo del vehículo del transporte, mismo que fue observado por otro trabajador del volante al que traen a contrarreloj y de la misma ruta, a que pese a ser anormal, estuvo estacionado en una privada pero no hizo nada por auxiliarlo.

Como siempre ocurre en la vida cotidiana de la ciudad de Puebla, en la impunidad, los delincuentes siguen atracando, frente a una policía ineficiente y mediocre que sólo llega al lugar de los hechos para “tomar nota” de lo ocurrido.

Una persona que ocultó el celular entre sus ropas y rogaba no recibir ninguna llamada en pleno asalto-secuestro, fue quien llamó al 911 cuando huyeron los ladrones.

pablo.ruiz@milenio.com

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