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Martes , 23.04.2019 / 17:37 Hoy

Nada personal

Limpieza de malos policías

Pablo Ruiz Meza

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Al asumir el control de la cabecera municipal de Ciudad Serdán, el gobierno del estado da un paso muy importante para regresarle la tranquilidad a los habitantes de Chalchicomula de Sesma, misma que les robó el alcalde priista con licencia y candidato a diputado federal, Juan Navarro Rodríguez.

El caso más escandaloso de la inseguridad pública en ese municipio de la región oriente del estado, fue la aparición de un cuerpo sin vida mutilado, dejado a los pies del monumento al presidente Gustavo Díaz Ordaz, en la principal viabilidad de acceso a esta ciudad.

Esta demarcación fue escenario en últimas fechas de una confrontación de grupos delictivos que se pelearon este estratégico lugar para cometer diversos delitos de alto impacto que documenta la SGG y la SSP, tales como la extorsión, secuestro, homicidios dolosos, robo y venta de gasolina, asaltos a camiones de carga, trata de personas y narcomenudeo.

Todo este cúmulo en la comisión de delitos no hubiera sido posible si desde el ayuntamiento de Chalchicomula de Sesma, gobernado por Juan Navarro, no hubiera actuado por omisión o por comisión, lo que sirvió como ventaja a los delincuentes que actuaron con toda impunidad en el territorio.

La llegada de policías estatales para detener a los preventivos municipales y someterlos a una investigación, así como a mandos, era una exigencia desesperada de los habitantes de este municipio, rehenes de la delincuencia en complicidad con malos funcionarios municipales.

Ciudad Serdán, cómo cabecera distrital, se ha convertido en una región de alto impacto en sus índices delictivos, imposible de habitar o trabajar, porque la mayoría de municipios que integran este distrito enfrentan el terror impuesto por los delincuentes.

En lo particular, Chalchicomula de Sesma, con Juan Navarro como presidente municipal, se convirtió en un centro de operaciones y de logística de la delincuencia.

El grado de descomposición por el quiebre del tejido social en la región es de impredecibles consecuencias, y no se repara con la presencia de fuerzas estatales policiales, es solo un paso para hacerle frente a una crisis mayor porque la delincuencia ha penetrado instituciones públicas y la economía de la región, aprovechándose de los altos niveles de pobreza y pobreza extrema.

pablo.ruiz@milenio.com

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