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Lunes , 18.03.2019 / 17:07 Hoy

Nada personal

4T, como Jolopo en 1976

Pablo Ruiz Meza

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El acariciado proyecto de la revocación de mandato propuesta por el presidente, estaba más cantado que el himno nacional.

Nadie debería sorprenderse porque el proyecto político de avasallamiento no tiene límites sexenales, que supera por mucho las ambiciones reeleccionistas de otro presidente, Carlos Salinas de Gortari.

Lo aprobado por el poder legislativo en la forma y fondo para imponer la revocación de mandato ligado a las elecciones intermedias, mínimo es la envidia del viejo PRI, que se quedó corto frente al presidencialismo de la cuarta transformación.

La estrategia y el proyecto del presidente y fundador de Morena es materia interesante para la academia, porque se trata de un caso en Latinoamérica de una democracia a la mexicana, que no se compara con el modelo cubano.

El propósito de la revocación de mandato en su implementación durante las elecciones legislativas federales y de gubernaturas en el año 2021, no necesariamente estaría ligado a la antesala de la reelección presidencial.

Más allá de la sospecha fundada de una estrategia reeleccionista, en realidad estaría más dirigido a un modelo de partido y gobierno único, sin contrapesos en el sistema político partidista.

Por tradición política presidencialista, es obligado para el presidente y partido ganar las elecciones intermedias legislativas, así como las gubernaturas.

Morena, con la reforma aprobada, se convertiría en un partido predominante como ocurría con el PRI de la época de candidato único, como sucedió con el desaparecido José López Portillo, en las elecciones presidenciales de 1976.

Y la democracia electoral mexicana, como está diseñada, favorece este proyecto de la 4T, el derecho legítimo por la fuerza del voto, para perpetuarse en el poder.

Con un presidente de la república dadivoso que entrega en mano los beneficios de los programas sociales, sin intermediarios, mantener el control de las cámaras de diputados y gubernaturas, es un requisito sine qua non para el modelo político bautizado por el escritor peruano Mario Vargas Llosa: la dictadura perfecta.

PD. Por un breve periodo vacacional, esta columna reaparecerá el lunes 25 de marzo.

pablo.ruiz@milenio.com

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