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Sábado , 20.04.2019 / 13:56 Hoy

Columna de Pablo Ayala Enriquez

Una de cada dos

Pablo Ayala Enríquez

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Esta vez el escenario fue el auditorio del Museo del Noreste. Ahí tuve el privilegio de coordinar la mesa donde Martha Herrera González, presidenta de la Comisión de Desarrollo Humano del Consejo Nuevo León, y César Montemayor Zambrano, presidente de Hagámoslo Bien, presentaron los resultados de la Encuesta de Cultura de la Legalidad y Participación Ciudadana 2018. Los avances obtenidos me permiten abrigar esperanzas en esta materia. Me explico.

Tal como he referido en otras ocasiones, la desafección ciudadana que nos aqueja, en buena medida, se debe a la influencia que ejercen en nosotros algunos de los ocho mecanismos que ponen en marcha la agencia moral pasiva, la cual podría resumirse a lo siguiente: nos indignamos ante la injusticia, pero no hacemos nada al respecto. Este fenómeno es uno que entiendo como “activismo ciudadano de sillón” o “activismo ciudadano de café”.

En este sentido, la buena nueva de la encuesta presentada es que, si redoblamos los esfuerzos, podríamos darle un garrotazo a la desafección ciudadana; quizá no la matemos del golpe pero, al menos, podemos darle un buen susto. Van unos cuantos datos que nos pueden hacer abrigar esperanzas.

Siete de cada diez, de los 2 mil 700 entrevistados, refirió que desea participar en actividades que contribuyan al mejoramiento de su comunidad; una de cada dos personas conoce qué es la cultura de la legalidad; durante el último año disminuyó un 60 por ciento el número de personas que infringió la ley; bajó la simpatía hacia el viejo y pernicioso proverbio que dice “el que no transa no avanza”.

Los datos son alentadores, sin embargo, también reflejan, al menos, tres áreas de oportunidad. Tres de cada diez personas llevan su indignación a acciones concretas. Sobre este último aspecto convendría en el futuro revisar la percepción de los entrevistados respecto a qué significa “participar”, ya que se ven a sí mismos como personas comprometidas porque están dispuestas a “ayudar al vecino, los habitantes de su colonia y a quienes enfrenten una situación extraordinaria”. La última cuestión tiene que ver con la reconstrucción de la confianza, ya que al momento solo cuatro de cada diez confía en los demás.

De nuevo, lo que refleja la numeralia no es cosa menor, debido a que marca una tendencia distinta a lo que ha venido informando durante los últimos cuatro años, el Informe Latinobarómetro, el “termómetro” de la democracia y la ciudadanía latinoamericano.

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