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Viernes , 19.04.2019 / 14:13 Hoy

Columna de Pablo Ayala Enriquez

La confianza y sus factores

Pablo Ayala Enríquez

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Entendida como valor humano, la confianza es uno de esos que se cocinan a fuego lento. Deben pasar muchos años para poder confiar plenamente en alguien. Lo mismo sucede en el caso de las instituciones, productos y servicios; imposible ser incondicional de una marca de la noche a la mañana.

Por la manera en que se levanta y se enlaza con el tiempo, la confianza puede entenderse como un valor relacional y público, asociado a tres factores: el qué u objeto de la confianza, las expectativas de las partes y el contexto. Para ilustrarlos, tomaré el caso de los candidatos que envió AMLO al Senado para presidir la Comisión Reguladora de Energía.

Respecto al "qué" de la confianza podemos decir que esta parte de la siguiente lógica: "A confía en B para hacer C". En este caso, A sabe perfectamente que B tiene la capacidad, conocimientos, recursos, criterio y disposición para llevar a cabo la tarea C. AMLO confía en los candidatos que repropuso al Senado, porque sabe que llevarán a cabo la tarea que les tenía asignada.

"Las expectativas de las partes", Russell Hardin las explica en los siguientes términos: "Confío en usted porque pienso que es de su interés atender mis intereses de manera relevante. […] Usted tiene un interés en atender mis intereses porque usted quiere que nuestra relación continúe. […] ello le motivará a ser cuidadoso de mi confianza".

¿Quién dudaría de que "amor con amor se paga"?

¿Alguno de los candidatos de AMLO se atrevería a traicionar las expectativas y encargos de éste? 

El contexto es el factor que nos permite entender por qué la confianza puede ser considerada como valor público. Para gobernar resulta suficiente con no ser objeto de una desconfianza generalizada. La conciencia de que los gobiernos son un mal indispensable o necesario, nos lleva a tolerar un cierto margen de incertidumbre/desconfianza, especialmente cuando sabemos que existen algunos mecanismos legales y judiciales que pueden poner freno a los conflictos de interés o excesos de poder. En el caso de los candidatos, la ley es clara al respecto: si el Senado no está de acuerdo por segunda vez con los candidatos propuestos, el Presidente elegirá a quién dirija la Comisión.

¿Podemos confiar en la decisión? 

El caso nos remite a la premisa básica de la confianza: requiere de muchos años para construirse y solo de dos segundos para perderse.

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