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Miércoles , 24.04.2019 / 05:35 Hoy

Columna de Pablo Ayala Enriquez

L@s mexican@s y la felicidad

Pablo Ayala Enríquez

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A mediados del mes de marzo, la ONU publicó su Informe Mundial sobre la Felicidad 2019, en el que ocupamos el lugar 23, posicionándonos por encima de Francia, Chile y España.

Curiosamente, lo que a l@s mexican@s nos hace felices es, prácticamente, lo mismo que hacía felices a los ciudadanos que describió Aristóteles en la Ética a Nicómaco o Séneca en su Sobre la vida feliz: ingresos, pan en la mesa, salud, vivienda digna, educación, armonía en las relaciones con los demás, una red de apoyo, tener la posibilidad de escoger el tipo de vida que se desea tener, seguridad e integridad física, oportunidades para ensanchar la mente, el espíritu y la imaginación. Poco más.

Si Séneca se preguntaba en el 50 DC qué necesita el hombre para ser feliz, ¿qué se preguntaría si viera de frente nuestra sociedad de consumo? Sin que la historia de la felicidad comience exactamente por ahí, diría: “una mente sana dispuesta a toda eventualidad, cuidadosa y atenta a todas las cosas de la vida, pero sin deslumbrarse por ninguna de ellas; dispuesta a dar uso a los dones de la fortuna, pero no a servirla como esclava”.

¿Riquezas? La suficientes para vivir sin angustias. Quien vive sabiamente “no amasa las riquezas, sino que las prefiere. No las resguarda dentro de su espíritu, sino dentro de su casa. (...) Las riquezas le afectan y le alegran como al navegante el viento fresco y favorable con un día de buen tiempo, o un abrigo en tiempo frío y brumoso”.

A lo material hay que sumar el tiempo para sentir, pensar, imaginar y recordar, dejarse llevar como lo hacen los niños: de manera instantánea, espontánea, profusa, franca, sin poner demasiada atención al qué dirán, desoyendo el balido del rebaño y atendiendo aquello que sugiere esetipo de razón sintiente que ayuda a desechar lo superfluo y abrazar lo duradero.

Da igual el lugar que l@s mexican@s ocupemos en la tabla del rating de la felicidad de la ONU. Lo cierto es que no necesitamos grandes riquezas, lujos y oropeles para ser felices; tan cierto como eso que Séneca le dijo a su hermano Galión: “Todos los hombres quieren vivir felizmente, pero a la hora de vislumbrar qué es lo que permite tener una vida feliz andan a ciegas”, especialmente, cuando nos deslumbramos por el oropel con que viste la sociedad de consumo. 



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