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Domingo , 19.05.2019 / 09:46 Hoy

Columna de Pablo Ayala Enriquez

Los nuevos súper héroes

Pablo Ayala Enríquez

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Hace casi seis años, en esos momentos aciagos por los que atravesaba nuestro país, escribí una columna editorial que titulé “Se vende un país”. Estaba tan harto que lo quería vender. Sentía que vivía en un país descompuesto en el que era imposible vivir. De un momento a otro lo vi desvencijado, agujereado, agrietado, enmohecido, maltrecho, vandalizado, debilitado, así como yace en la calle un perro atropellado, casi sin aliento.

En mi supuesta venta, no quería engañar a nadie y listé todo lo que le fallaba. Comencé por el estado de derecho, porque solo funciona la ley de la selva. Dije: aquí “cualquiera puede quemar edificios, robar autobuses, destruir comercios, quebrar ventanas, incendiar autos y puertas, tomar casetas, bloquear carreteras, secuestrar, torturar y matar estudiantes”.

También le fallaban la democracia, los derechos civiles y algunos sociales básicos. Sobre estos últimos señalé: “Conozco gente que apenas mandó a sus hijos a la escuela y ésta fue cerrada por un paro; se reabrió con maestros suplentes a los que había que pagar, por eso en algunos pueblos, sobre todo en los más pobres, perdió el sentido esa idea de que la educación en México es gratuita. Algo similar pasa con el derecho a la salud. Si cotizas en el IMSS te pueden `medio atender´; si no cotizas, pero puedes pagar, aún tienes la opción del `seguro popular´; si no tienes empleo y tu familia no puede ver por ti, te mueres. El derecho al empleo, siempre, ha sido una quimera. Un derecho que no se vive, nunca dejará de ser un protoderecho. En México, el derecho al trabajo es como un feto no nacido...”.

¿Y qué papel tenían los ciudadanos en todo este cuento? Marginal, porque la mayoría somos “ciudadanos de membrete”. La masa ciudadana está conformada por mayorías perezosas, desorganizadas, desinformadas, desorientadas, apáticas, descreídas, borradas. ¿Y qué hay de las marchas ciudadanas que reivindican ciertos derechos? De tantas, se volvieron una nueva señal de que al país también se le desgastó el reclamo. Necesitábamos otras fórmulas.

¿Hoy padecemos los mismos males? Los seguimos viviendo, pero en diferente grado. Desconozco si la 4T tiene la fórmula para resolverlos; lo que sí tengo claro es que la vía más razonable y segura para prevenirlos se llama educación, y en ella las y los profesores más que actores son superhéroes. ¡Gracias por tanto! ¡Felicidades a tod@s en su día!


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