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Martes , 23.04.2019 / 19:21 Hoy

Ojalá

Carta de buena conducta

Óscar Glenn

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La semana pasada escribí que me parece necesario que aquellos que aspiran a gobernar un municipio y ya tienen historia en la administración pública o en puestos de representación popular, pudieran mostrar resultados de su gestión avalados por alguna instancia de la sociedad civil u organismo fiscalizador, para que los electores tengan una idea o mejor aún sepan en la que se meten con su elección.

Insisto en el tema porque es urgente que la eficiencia impere en este nivel de gobierno en todo el país, para lograr atender de mejor manera las necesidades de la población, diseñar políticas y programas adecuados a su realidad, además de lograr que no haya subejercicios presupuestales ni dispendios de recursos.

A lo largo de la historia se ha dejado a los partidos políticos la responsabilidad de seleccionar a sus candidatos, confiando tácitamente que tendrán el cuidado de elegir a la gente más capaz para hacer buenos gobiernos, que satisfagan las necesidades de la población, generen desarrollo y sean éticos.

Ha resultado, que cuando alguno de sus candidatos se convierte en gobernante y ejerce el poder "como se le da su regalada gana", tiene por sanción un llamado de atención discreto, quizá el repudio de sus correligionarios, la "dolorosísima" expulsión en caso extremo, si no es que el maquillaje de sus trapacerías, para no afectar la imagen de su "instituto" de cara a la siguiente elección.

Fallaron.

De la evaluación, responsabilidad y sanción, muy poco, y muy costoso a posteriori, remediar o castigar al irresponsable, sumando pérdidas de tiempo y dinero para el ciudadano menos favorecido.

Sería muy bueno que, respetando el derecho de cualquier ciudadano a votar y ser votado, se aplicarán desde organizaciones autónomas, una serie de exámenes de conocimientos básicos de administración pública municipal, de la Agenda para el desarrollo Municipal, de políticas de desarrollo social y de operación de servicios públicos, entre otras cosas, para los que aspiren a ser candidatos a integrar un ayuntamiento.

Si estos exámenes, que si bien no serían condición de elegibilidad, dieran constancia abierta de los elementos con los que un individuo aspira a ser parte de un gobierno, tomar decisiones, resolver problemas y gastar los recursos públicos; buen elemento tendrían los ciudadanos para saber qué esperar de un candidato en caso de convertirlo en gobernante.

Pongamos que no fuera, si no quieren los que hacen las leyes, un requisito formal. Sólo dejémoslo como reto para aquellos que quieren hacer buenos gobiernos y demostrar sus capacidades.

Pongamos también como reto por ejemplo al INAI, IAPEM, INAFED, diseñar el tipo de evaluación que aplicarían para aquel que quisiera demostrar sus aptitudes para dirigir un municipio.

Si presuntamente se capacitan y certifican en cualquier parte del mundo cuando son funcionarios, si someten a certificación a los integrantes de sus equipos de trabajo, ¿por qué no antes?

¿No sería buena prueba?

¿No sería conveniente?


@oscarglenn

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