Estamos a punto de terminar el séptimo mes del año y aprovechamos para hacer una pequeña reflexión sobre el séptimo paso, del programa de los 12 que escribieron originalmente los Alcohólicos Anónimos que dice que, “humildemente le pedimos a Dios nos liberase de todos nuestros defectos”.
Habiendo definido los AA que cada uno puede tener su propio concepto de Dios, pero aceptando que un Poder Superior podría devolverles el sano juicio que perdieron con su adicción, llega un momento en que la recuperación integral demanda un cambio profundo, más allá de la abstinencia de la sustancia o de la conducta patológica, asumiendo que además de la ingobernabilidad con la que llegaron a su proceso de rehabilitación, hay otros muchos defectos que han venido afectando sus vidas.
Por supuesto, hacer este cambio requiere de una virtud muy importante en el crecimiento personal: la humildad.
La sencillez, la humildad o la modestia para pedir ayuda, para ponerse en manos de un Poder Superior, como cada uno crea en ello, así como para reconocer que existen fallas que nos están dañando y están lastimando nuestras relaciones, es una virtud que no sólo los adictos, sino prácticamente todos los seres humanos deberíamos utilizar si deseamos evolucionar y ser nuestra mejor versión en cada circunstancia.
Hacerse pequeños para ser grandes, más que un concepto bíblico, es una realidad que ha sido probada una y otra vez, aunque para llegar a esta conclusión muchas veces tengamos que tropezar y cambiar nuestras creencias de que pedir ayuda nos puede hacer parecer débiles o vulnerables.
En el caso de los adictos en recuperación, el primer acto de humildad que quizás sin darse cuenta ya llevaron a cabo, se llevó a cabo desde el momento en que admitieron su enfermedad y se dieron la oportunidad de ser apoyados por otros en su misma condición o por profesionales y por una red de apoyo que les ha sido muy útil para dejar de consumir.
Una vez que han obtenido herramientas necesarias para no recaer o volver a consumir, llega el momento de reconocer que además de su adicción existen muchos otros defectos que han estado afectando su vida y que, con humildad, piden apoyo para modificar todas aquellas causas que les están dañando o están lastimando su entorno.
Es ahí donde vemos verdaderos milagros y cambios de 180 grados en el resurgimiento de personas prácticamente nuevas que hacen cambios en sus comportamientos, superan otras conductas obsesivo-compulsivas, comienzan mejores hábitos de vida, modifican su pensamiento o percepción sobre su forma de ver el mundo y,muchas otras mejoras que nacen de la humildad del querer hacerlo.
¡La humildad nos hará libres!
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