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Sábado , 16.02.2019 / 08:11 Hoy

Fuera de Registro

El árbitro no juega

Nicolás Alvarado

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El virtual presidente electo Andrés Manuel López Obrador ganó la elección: así lo anunció la noche del 1 de julio el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, con lo que parecía haber puesto fin a la campaña de descrédito a su persona y a la institución que preside, a la que AMLO y sus partidarios llevaban más de seis años abocándose. Aun quienes no le dimos nuestro voto y consideramos sus propuestas adversas para el desarrollo democrático del país no pudimos sino celebrar que el INE reconociera con prontitud y sin ambages el virtual resultado de la elección, ya solo por lo que esto hizo por la legitimidad de la institución, de sus funciones y de sus funcionarios. Con ello parecía haber sido no solo superada toda duda sobre su autonomía de facto sino confirmado su estatuto de árbitro que no participa del juego político sino que garantiza la equidad en su dinámica.

Poco nos duró el gusto. Días después, el PRI denunciaba ante el Consejo General del INE el uso político de un esquema de apoyo financiero a las víctimas de los sismos de septiembre pasado ligado a Morena, el INE investigaba, constataba un presunto recurso a éste para eludir los topes de financiamiento y aplicaba al partido una sanción. Si bien la operación luce ostensiblemente cuestionable, el partido tiene todo el derecho a inconformarse —como lo ha hecho ya ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación— y a reivindicar la inocencia que aduce. Lo que preocupa, entonces, es el aprovechamiento del episodio para volver a procurar un descrédito del INE que no hace sino flaco favor a nuestra democracia. No es que el INE sea infalible: acaso haya errores en su resolución. Pero resulta muy peligroso calificarla de “vil venganza” pues derrota una vez más la idea de esta institución como imparcial y confiable.

Si en algo sería bueno que coincidiéramos los mexicanos es que, en nuestras elecciones, el árbitro no juega. Nunca (y no solo cuando su arbitrio no es el que conviene a nuestros muy particulares intereses).

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