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Miércoles , 24.04.2019 / 16:03 Hoy

Columna de Miguel Zárate Hernández

Vidas paralelas

Miguel Zárate Hernández

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Como se vea, y a pesar de las “fuertes” diferencias -y hasta choques- que se dieron en los primeros dos meses de sus respectivas administraciones, tanto el presidente Andrés Manuel López Obrador como el gobernador jalisciense Enrique Alfaro, tienen mucho en común. Su posición en el ejercicio del poder es similar en buena cantidad de aspectos. Claro que a todos nos debe satisfacer que entre estos dos fuertes caracteres finalmente prevalezca el buen sentido y que, de alguna forma, se hayan conciliado puntos para que Jalisco no se viera perjudicado con una mala relación. Para nuestra fortuna, no se dio el una vez pensado esperado colapso en la vinculación estado-federación y así no se paralizaron las obras y proyectos importantes. La visita del presidente a la Línea 3 del tren ligero tapatío y, sobre todo, su promesa (sólo le faltó jurar sobre la Biblia pese a lo que digan los especialistas) de que estará concluida y en servicio a fin de año, es una de las mejores señales de que las aguas toman su cauce y que, ojalá, se siga pensando en los intereses primordiales.

Pese a la relativa brevedad de su estancia, López Obrador conoció de primera mano la situación delictiva en la entidad, si bien las cifras -como sucede a nivel nacional-, se muestran en sus perfiles más positivos y, como es costumbre en la esfera gubernamental, se encuentra la forma de minimizar en lo posible los aspectos de más débiles y preocupantes en la seguridad pública. Estamos mejorando, es la consigna, aunque los ciudadanos continúen percibiendo y sufriendo una situación distinta. Ante el inminente nombramiento -¿no que no?- de un militar en activo al frente de la Guardia Nacional, no cabe sino esperar un largo proceso en el que las aspiraciones a una nueva forma de combatir el delito sea realmente diferente, parecen cada vez más lejano. En cambio, en la entidad donde se forjó el nuevo cártel fuerte del país, López Obrador manda el mensaje de que no se perseguirá ya a los “capos” con prioridad ya que esta vez todo “será diferente”. Pese a que no se llega a cuestiones concretas, el secretario de la Defensa nos informó que hay aquí desplegados más de siete mil soldados y que la sensación de tranquilidad ha propiciado muchos beneficios. Pero se ve a leguas que el general Luis Crescencio Sandoval no tiene muy clara la idea de lo que aquí sucede ni de los temores cotidianos ante el hampa al afirmar que los ciudadanos tienen más confianza en instituciones y en las nuevas estrategias. El gobernador, en su caso, al menos dijo que se mejora pero que el asunto no está “para cantar victoria”.

En pleno día de la visita (¿leerá periódicos locales López Obrador?), de manera nada casual se publicó un desplegado dirigido al presidente del Congreso de Jalisco, Salvador Caro, en el que se reiteraron los principales puntos del Pacto por la Integridad planteado recientemente por el presidente de la Cámara de Comercio de Guadalajara, Xavier Orendáin de Obeso, y la necesidad de cumplir el compromiso acordado para impulsar iniciativas sobre los procesos de adjudicación directa y contratos irregulares, la indispensable e impostergable mejora regulatoria y, de manera destacada, la urgencia de modificar el marco legal del Sistema Estatal Anticorrupción. Y lo firman los principales organismos empresariales del estado (extrañamente no aparecen las cámaras industriales ¿será que les afectó el cambio de coordinador?), importantes instituciones privadas de educación superior y más de un centenar de firmantes a título personal. Quizá fue coincidencia, pero, la verdad, quedaron muchas dudas sobre la transparencia en el contrato del proyecto “a toda máquina” del gobierno estatal, cuya licitación, como muchas, parece realizada hacia perfiles predefinidos. Pero de ello López Obrador -quien conoció públicamente del tema en plena rueda de prensa mañanera-, salió virtualmente en defensa del Gobernador, más o menos con las salidas toreras que acostumbra con sus propias licitaciones y asignaciones a modo, pretextadas con argumentos como la “urgencia”. De ahí otra más de las similitudes ¿Cuál es la diferencia entre asignar directamente montos extraordinarios -como los de PEMEX- , a simular licitaciones que aparentemente cumplen que están dirigidas a los amigos?

Ni duda cabe, nuestros mandatarios, el federal y el estatal llevan estilos muy semejantes en su forma de gobernar. Igual pasa en sus reacciones ante los señalamientos incómodos de los medios de comunicación. No hay mucha diferencia entre la respuesta a cuestionamientos con calificativos de López Obrador hacia medios o articulistas críticos (“prensa fifí” o “conservadores que sirven a la mafia”, entre otros), a los de “periodiquitos” y otras linduras con las que contesta Enrique Alfaro en vez de, con auténtico sentido de réplica (AMLO dixit), exponer y responder a planteamientos adversos.

Mucho, en realidad, se parecen el presidente y el Gobernador. Pero si un aspecto en ellos resulta verdaderamente preocupante es su afán de buscar el poder absoluto. A López Obrador no le basta con el control total sobre el Legislativo y la manipulación que ya lleva muchos ejemplos (el de la forma en que se nombraron consejeros de la CRE entre lo más aberrante) o la pretendida Sala Anticorrupción en la Suprema Corte para ir formando mayoría y asumir más influencia. Para él el poder es todo y tiene en Alfaro a un seguidor bastante fiel a tal principio. Vidas paralelas, que, como en el caso de la Línea 3, ojalá coincidan siempre, al menos, para seguir generando algo bueno para Jalisco.

miguel.zarateh@hotmail.com 

 Twitter: @MiguelZarateH

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