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Viernes , 19.04.2019 / 01:47 Hoy

Columna de Miguel Zárate Hernández

Sólo para mujeres

Miguel Zárate Hernández

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Si de algo se jacta Jalisco a los cuatro vientos es de sus mujeres. De toda la vida. Sin embargo, la realidad no parece tan generosa como esos elogios. De hecho, bien podría afirmarse que a la mujer aquí le cuesta todo para irse abriendo paso en un mundo que no se ve creado pensando en ella. La ciudad de Guadalajara -y su área claro-, de manera particular se distingue por su presunción de contar con las “más hermosas” pero cualquier examen con respecto a género nos lleva a conclusiones más que inquietantes acerca de la vida de peligros a que se enfrenta la mujer de cualquier edad y la escasez de oportunidades para desarrollarse a plenitud.

Para tal sexo, lejos de servirle de cobijo, la ciudad se ha venido convirtiendo en una fuente de riesgos de todo tipo. Tiene mucho sentido la proclama de que la “conmemoración” del Día de la Mujer tuvo de todo, menos visos de celebración. Y es que no han sido tiempos nada fáciles ni hay motivos de satisfacción. Los discursos abundaron y del sector público emanaron, nuevamente, promesas de cambios para otorgar más incentivos a la mujer. Los hechos muestran, en cambio, todo lo contrario.

Para empezar, no existen ni siquiera mecanismos ni políticas suficientes para frenar la violencia, sin duda el tema más angustiante y preocupante de todos en torno a la mujer. Las cifras -maquilladas y sin maquillar, al gusto de los gobernantes-, arrojan un crecimiento exponencial de dicha violencia. Sólo hay que recordar que el año pasado los feminicidios crecieron en Jalisco hasta el 70 por ciento y que incluso las cifras actuales, las del año que corre, manifiestan que las cosas no serán mejores. De los más de trescientos feminicidios que van en el país en dos meses, esta entidad se lleva alrededor del 15 o más por ciento. Y eso que la calificación del “feminicidio” a veces queda sujeta a ciertas subjetividades ya que hay “otras” muertes violentas no consideradas por razones de género.

Y qué decir acerca de las desapariciones forzadas, de los raptos y secuestros y de tantos y tantos hechos de violencia intrafamiliar que sufre la mujer y que muy de vez en vez llega al levantamiento de querellas en el Ministerio Público. Esto, además de la explotación sexual, las violaciones y el abandono total. No hay estadística, no puede haberla, de los atentados constantes y de los actos violentos que padece en su propio hogar o en su entorno cercano. Pero lo que sí vemos es que la ciudad en sí no la protege. Al contrario, una mujer en la calle entra a una selva de inequidades y peligros, en las que nuevamente aparecen las amenazas de toda clase, desde los “inocentes” piropos hasta las frases insultantes, los toqueteos, la intimidación, la persecución y una violencia callejera que las propias mujeres confiesan haber sufrido en más del ochenta por ciento. Preguntando a media docena de colaboradoras cuantas veces se sienten agredidas, su respuesta me dejó helado; De 15 a 20 durante el día.

Y hay mucho más en la lista de dificultades. Afortunadamente el empeño y el esfuerzo, muy personal, han permitido que la mujer amplíe su espectro de actividades en todos los terrenos. En la vida económica ya participan alrededor de millón y medio de mujeres en el estado. Lástima que al menos una tercera parte laboran sin salario o, acaso, el mínimo. Solamente poco más del 30 por ciento también llega a acceder a estudios universitarios, no tanto los concluyen y menos aún tienen opción de ejercer su propia carrera. Quizá en lo que sí se han registrado avances es en lo político, aunque, hay que recordarlo, el simple derecho a votar llegó a México ya en tiempos de Adolfo Ruiz Cortines, o sea más de treinta años después de que la mujer pudo sufragar en Estados Unidos.

Lo peor de todo es que las políticas públicas han sido muy cuestionables y tardías. Hay muchos hechos recientes que confirman la falta de coherencia y de congruencia en estos aspectos. A nivel nacional se debate sobre los temas de las estancias infantiles, los refugios para la mujer violentada o, incluso, el aborto o la suspensión del embarazo, que, en vez del análisis y definiciones, pasa a la “no prioridad” de este gobierno. En Jalisco continúa sintiéndose cierto desdén al tema de las mujeres, pese al “cambio” del instituto transmutado en una secretaría de estado.

Para la mujer el hogar no es seguro, menos la calle y su ciudad en conjunto. Caminar, viajar en transporte público, deambular sin alumbrado, sin banquetas “libres”, entre senderos urbanos sombríos o predios solitarios, acosos en todas partes, sin baños públicos, puentes peatonales que semejan cuevas de asaltantes, plazas solitarias y ausencia a veces constante de vigilancia, de la protección mínima para realizar las tareas más simples y rutinarias.

Esta es la ciudad que no queremos para nosotros. Pero, con todo, el futuro puede cambiar si a la mujer se le abre, primero, la oportunidad real de opinar, de seguir involucrándose e intervenir más en las políticas gubernamentales totales, no solo las que incumben al género. De transformar de una vez por todas la Educación desde la infancia e incrementar la capacitación ciudadana ambas acciones en temas de Paz, derechos humanos e igualdad sustantiva. Incluso la nueva Ley de Participación Ciudadana debe de enfocarse en este sentido.

También las mujeres están forjando expectativas mejores en el proyecto GDL500, hacia una Guadalajara mejor en su próximo quinto centenario. Ojalá así sea. Brincos diéramos si logramos que la ciudad parezca sólo para mujeres.

miguel.zarateh@hotmail.com

Twitter: @MiguelZarateH

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