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Lunes , 25.03.2019 / 06:52 Hoy

Columna de Miguel Zárate Hernández

Respetar el espacio público

Miguel Zárate Hernández

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Los inicios de una administración municipal nunca son fáciles. Incluso cuando el cambio de estafeta corresponda a administraciones del mismo partido, los nuevos gobernantes enfrentan numerosos retos y problemas heredados de manera casi inevitable. Sólo hay que recordar que Ramiro Hernández tuvo que remar contra la corriente por una situación política que no le era favorable. Ni modo de que se quejara de su predecesor que ya era gobernador. Sin embargo, lo importante es la forma en que cada uno va afrontando su realidad y la va resolviendo. Muchos nunca encuentran el hilo, pero esperemos que ahora Enrique Alfaro sí lo consiga.

Y decimos ojalá con un dejo de esperanza ya que independientemente de los vaivenes políticos y las pretensiones de sus protagonistas es tiempo que muchas cosas se resuelvan. En el caso de Guadalajara, pero que bien podría extenderse a los demás municipios de la zona conurbada, los problemas son siempre los mismos pero, dada la prontitud de solución que exigen unos, por lo regular se olvidan otros como si se tratara de asuntos menores. Así se han ido rezagando cuestiones para muchos fundamentales como el respeto al espacio o más bien a los espacios públicos.

En el pasado, quizá muchas décadas atrás, había incluso esmero por atender temas como el de las banquetas. Para Guadalajara el tema en tiempos idos significaba también belleza, como el mosaico bicolor en banquetas uniformes y dignas que le caracterizó durante muchos años. Claro que su función es primordial para el peatón, los niños, los viandantes incluso ocasionales. Metrópolis de todo el mundo defienden estos espacios como parte primordial de su estructura urbana a pesar de las presiones de todo tipo. Aquí, lamentablemente, las banquetas son casi propiedad de los ambulantes, de los puestos fijos o semifijos y, por supuesto, de los vehículos, incluyendo ciclistas y motociclistas, de sus conductores que no tienen recato ni respeto alguno ni a las leyes ni mucho menos a los demás ciudadanos. Los repulsivos "gandayas", pues.

Parece sencillo, pero se trata de una inercia que casi borra el acceso a las calles que también son de los peatones. Ahora tal parece que el asunto se tomará en serio, tanto que las multas a aplicar por parte del Ayuntamiento serán de cuantía significativa. Lo difícil, como todo, será mantener una medida consistente, a prueba de las esperadas reticencias, "influyentismos", arraigados poderes detrás de verdaderas organizaciones de puesteros y toda clase de comerciantes y de propietarios de vehículos que toman como suya su "parte" de banqueta afuera de su casa o negocio.

Con todo, no hay duda de que Alfaro puede contar con el respaldo de muchas organizaciones sociales que coinciden en estos fines de rescate, como hace tiempo lo ha pretendido la Cámara Nacional de Empresas Consultoras en Jalisco. Empero, ya que se ha lanzado la consigna y el programa, resulta primordial que no quede en una de tantas acciones que terminan por irse diluyendo hasta que las vencen nuevamente las costumbres y los intereses. Se espera de la autoridad inversión en este tema, sí pero de una forma adecuada, basado en proyectos que contemplen las normas internacionales para la construcción de banquetas, vaya que respeten el MIU (Manual de Imagen Urbana) de Guadalajara. Y para terminar estas apreciaciones sobre el plan de ordenamiento de banquetas, valdría la pena mencionar que igual se requieren soluciones de fondo en aspectos que coadyuven a la causa, como el de los estacionamientos, transporte público digno, oportunidad de caminar de manera segura y accesible para todos, etc. Con esto menos pretexto tendrían los conductores de invadir las calles en donde les plazca.

Y es el caso mencionar que, con todo y lo bueno que implican estos propósitos de cambio por parte de los recién llegados a los gobiernos municipales, también habrán de hacer pronto un autoanálisis de su situación. Pese a que van pocas semanas, hay frentes que todavía no cuajan y dejan mucho que desear. Como si hubiera dependencias que no encuentran la llave de ignición para empezar a realizar su labor. Está bien que se busquen corregir anomalías como los "aviadores" en las nóminas o los factores que tradicionalmente han generado corrupción. Sin embargo, ya hay cierta inquietud entre la sociedad porque los nuevos funcionarios demoran en acomodarse y hasta en enterarse de la operación real de sus tareas. En área como de Padrón y Licencias y algunas más, se nota cierta novatez o quizá timidez para acometer funciones. Otros casos, no pocos, están vinculados al hecho de que la "purga" de personal ha dejado materialmente sin recursos humanos para cubrir servicios y diversas acciones.

En toda la zona metropolitana los problemas suelen ser similares pero sus circunstancias pueden ser distintas. No es lo mismo en Zapopan donde la extensión territorial y las diversidad de zonas y actividades sociales y económicas obliga a medidas inmediatas como las que está realizando Pablo Lemus. O en Tlaquepaque, donde la alcaldesa, además de su cierta impericia evidente, no puede deshacerse así como así del imperio de un acendrado cacicazgo.

En fin, todavía no puede hacerse un balance sobre las tareas municipales que inician puesto que apenas cumplirán un mes. Aunque demuestran entusiasmo por decir, planear y hacer, el tiempo sigue su marcha y pronto será hora de que los planes y propósitos empiecen a notarse reales. Es, a fin de cuentas, lo que esperan los ciudadanos que votaron por un cambio y que más pronto de lo que se piensa exigirán resultados.

miguel.zarateh@hotmail.com
Twitter: MiguelZarate_12

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