Y Patricia nos puso a prueba. Muy a pesar de las absurdas y ridículas posturas de quienes parecen haberse sentido "decepcionados" ante el digamos moderado paso del terrible huracán por territorio jalisciense, lo cierto es que habrá que valorar y mucho la puesta en práctica de una de las acciones de previsión y protección civil más relevantes de que se tenga memoria. Además, por poco que se quiera ver ante la expectativa catastrófica que se anticipaba, tampoco salimos tan bien librados de consecuencias lamentables.
Pero resulta difícil, muy difícil explicarse el porqué de las actitudes asumidas por algunos, quizá no pocos que se dieron a la tarea de señalar que el tema del ciclón no fue sino un pretexto para ganar imagen del sector gubernamental y que mal se hizo en provocar alarma entre la población. El uso de las redes sociales con este sentido, como todas esas versiones extrañas que surgen como producto de algún ánimo escondido de frustraciones, no dejó de causar daño aunque en gran mayoría los jaliscienses se sintieron gratificados por la alta responsabilidad mostrada por autoridades y ciudadanos ante un peligro inminente.
Y decimos que no tan bien librados del Patricia ya que sus efectos directos e indirectos todavía siguen ocasionando estragos. Lo que suele pasar es que la óptica cambia si se consideran los perjuicios graves solamente por sucesos fatales, los que afortunadamente no se dieron, o bien porque naturalmente llaman más la atención situaciones de desastre en las ciudades y conglomerados urbanos que en las zonas rurales. Para nada podemos decir que el fenómeno meteorológico nos dejó ilesos.
Más tardamos en congratularnos porque el ciclón, a nuestro modo de ver y con el análisis técnico que le marcó como "el más poderoso de la historia", no pasó a mayores, que en empezar a apreciar los males que ocasionó. Incluso con las lluvias recientes y obviamente por las cargas de agua ya registradas tras el huracán, en estos momentos a lo menos una docena de municipios de Jalisco sufren estragos mayores. De ahí que considere que las precipitaciones de estos días resultaron peores cuando todo vino por agravarse. Si no que lo digan cuando menos 30 mil habitantes damnificados en la zona de la costa que prácticamente han quedado sin hogar o con afectaciones graves y las más de 8 mil hectáreas de sembradíos que se consideran perdidos.
Lo que pasa es que para los habitantes de las grandes ciudades la visión se centra en su entorno acostumbrado como si el desbordamiento del río Marabasco, el Mascota, Purificación o el Ameca, no significaran tanto. De ahí que se llegue a conclusiones personales tan poco conscientes como la de que llegó y se fue el ciclón y "aquí no pasó nada". Vaya simplismo. Lo peor, claro, es que no faltó que se dedicara a circular versiones de que fue una "cortina de humo" del gobierno como si todos los organismos científicos internacionales se hubieran equivocado en sus apreciaciones. Se pueden inventar muchas cosas pero los ciclones no están entre ellas.
De la misma manera en que hay que mantener un espíritu crítico ante los desaciertos gubernamentales, hay que reconocer cuando las cosas se hacen bien. Solamente por comparar, el Katrina que devastó Nueva Orleans en 2005, pasó de la categoría 3 a la 5 de un día para otro pero hasta la fecha se sigue hablando de que el gobierno del entonces presidente George W. Bush, con toda la capacidad de orden operativo que tenía, fue incapaz de prevenir de manera suficiente el desastre que llevó a la muerte a casi dos mil habitantes de Luisiana, a la inundación en casi el 80 por ciento de Nueva Orleans y la pérdida material mucho mayor a los cien mil millones de dólares. En casi un siglo los Estados Unidos no habían padecido algo similar por un fenómeno de la naturaleza.
Así que las medidas tomadas por el gobierno de Enrique Peña Nieto y las estrategias seguidas por sus funcionarios, así como las asumidas en Jalisco por el gobierno de Aristóteles Sandoval y también por algunos alcaldes, la difícil toma de decisiones en torno a evacuaciones y otras acciones de prevención, deben ser calificadas como altamente positivas y responsables. No puede haber regateos en reconocer que no solamente las autoridades actuaron como debían, quizá de manera incluso ejemplar, sino también estimar que la mayoría de la población respondió con sentido de responsabilidad y solidaridad ante la alta peligrosidad de un huracán que amenazó de tal forma al estado y a la región occidental del país.
Ahora lo importante es que no dejen de atenderse con igual interés los daños directos y colaterales causados por el fenómeno y los agregados recientes por lluvias e inundaciones. Fue buena suerte, algunos le llaman milagro, que Patricia enderezara su ruta en medio de dos ciudades como Manzanillo y Puerto Vallarta, tocando con toda su fuerza el centro de la costa jalisciense, áreas menos pobladas y, a la vez, más vulnerables y pobres. La tarea preventiva debe ser satisfactoria por igual para gobierno y ciudadanos pero, también, tener presente que la prueba a que nos sujetó Patricia no ha terminado, no al menos hasta que todos los afectados reciban la ayuda debida y la atención que merecen.
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